La escritora catalana Pepa Roma publica la novela 'Una familia imperfecta'.
La escritora catalana Pepa Roma publica la novela 'Una familia imperfecta'. MIQUEL TAVERNA

Con su cuarta novela, Una familia imperfecta, la escritora y periodista ahonda en un clan burgués catalán que con su historia explica la de la guerra, la posguerra, y la de la Barcelona de entonces y de ahora.

¿El punto de partida de este libro fue personal?
Me vino cuando vi que empezaba a desaparecer el testimonio de la guerra de los últimos supervivientes de mi familia. De joven, todo lo relacionado con la guerra me sonaba triste. Pero, al llevar a mi madre a la residencia, vi que ellos eran los últimos testigos de la contienda y que lo que ahora nos queda es solo lo que vemos por televisión o lo que nos dicen los historiadores. No la guerra vivida.

Las mujeres fueron grandes protagonistas en la retaguardia, en frentes como el del Segre. ¿También en su novela?
El escritor Gustavo Martín Garzo dice que «las mujeres son las narradoras de la familia». Y ese frente fue uno de los más olvidados, porque las batallas se libraban más al sur, en el Ebro o el Delta. Pero fue el único que paró a los nacionales en su avance por Cataluña durante 9 meses.Y se resistió en parte por esa retaguardia femenina en la que las mujeres se ocupaban del avituallamiento, de la comida, de coger del campo plantas para no pasar hambre. Y mientras, los soldados allí parados y los aviones italianos y alemanes pasando por aquellos pueblos de mujeres y niños tres o cuatro veces al día, machacándolos.

Las mujeres, incluso ahora, estamos preparadas para hacer de clones de la madre"

Pero en el libro aparece igualmente otra visión de la mujer no tan idílica.
La madre, Regina, es una mujer que actúa como tal, como una reina. Entre las mujeres de la burguesía de entonces se daba mucho el desapego de los hijos. Por eso su hija Cándida anhela a esas madres de pueblo con delantal que ha visto en sus amigas. El franquismo dejó pobreza material y a gente desposeída, con una pobreza moral muy grande. Como mi propia madre, que venía de buena familia y había sentido que lo perdieron todo. Y eran mujeres con muchas aspiraciones, porque fueron de las primeras con posibilidades de estudiar y de tener una vida más libre para empezar a escoger marido. Y de repente se sienten despojadas, se tienen que acoplar a una vida pequeña para ellas, y eso les crea una frustración que transmite a veces al marido y a los hijos.

Y a Cándida, su hija...
Genera un ajuste de cuentas con la madre que, para bien o para mal, es algo muy común entre las mujeres de mi generación. Porque los hombres han sido educados para adquirir una individualidad propia fuera de la familia. En cambio, las mujeres, incluso ahora, inconscientemente estamos preparadas para hacer de clones de la madre. Es un ajuste de cuentas duro pero que también puede hacerse de forma positiva. Nos hemos liberado del hombre, pero a veces también hay que liberarse de la madre psíquicamente para adquirir tu propia identidad.

Cándida habla en primera persona pero no es usted, ¿verdad?
Muchos creen que esta novela es autobiográfica por estar escrita en primera persona, pero tanto Cándida como la madre tienen poco que ver conmigo. Siempre he soñado con crear personajes ingenuos. Y Cándida es alguien que cuenta lo que ve a su alrededor sin ideas previas. De ahí su nombre.

Esta novela culmina
un viaje de autoindagación iniciado con mis primeros libros sobre la Índia"

Ella no ha viajado. En cambio, usted lo ha hecho mucho.
Cuando yo era joven, iba en busca de mí misma, y para mí la India era el lugar de la espiritualidad. Pero me di cuenta de que el verdadero viaje solo se completa cuando vuelves a tus orígenes y a casa. Por eso esta novela es la culminación de un viaje de autoindagación que comenzó con mis primeros libros sobre la India.

¿Qué recuerda de su entrevista a Nelson Mandela para Diario 16?
Fue lo más bonito que me ocurrió en mi época como enviada especial. Le hice una entrevista no preparada, la primera que concedió. Me encantó porque en mis preguntas duras sobre la lucha armada él fue muy radical, pero al mismo tiempo mantuvo la suavidad en las formas y una sonrisa. Salió de tantos años en la cárcel sin una pizca de rencor, sin un reproche.

Consulta aquí más noticias de Barcelona.