De ellos depende nuestro consumo, porque el cielo hace tiempo que dejó de poner de su parte. Granada recurre en la actualidad a los pozos para garantizar el abastecimiento de agua en la capital y su área metropolitana.

Hay diez pozos operativos -se construyeron en la Vega en 1995- y cuatro en ejecución, pendientes de que la Confederación Hidrográfica culmine la instalación de bombas y energía eléctrica. Éstos y el acuífero de la Vega impedirá que se produzcan restricciones a la espera de que llueva en los próximos meses.

La situación de los embalses y la escasez de lluvias así lo obliga, tal y como reconoció ayer el gerente de la Empresa Municipal de Agua de Granada, Emasagra, Antonio Navarro. «Si sólo dependiéramos de los pantanos, la situación sería preocupante porque entraríamos en un nivel de emergencia», apostillaba.

Y es que los niveles de los principales embalses que nos abastecen de agua -Canales y Quéntar- son «mínimos» y han bajado en lo que va de año hidrológico -empezó el uno de octubre-. El de Canales, con una capacidad para embalsar 70 hectómetros cúbicos, estaba ayer al 14%, frente al 17,5% que registraba a primeros del mes pasado.

Algo similar ocurre con el de Quéntar que, con una capacidad para almacenar 13,5 hectómetros cúbicos, está al 53%. No obstante, para Emasagra la situación no es alarmante, ya que «el año pasado estábamos peor y tiramos para adelante con las otras fuentes de suministro», aclaraba Navarro

Las previsiones, mal

Las previsiones tampoco arrojan esperanzas. No ha caído una gota en los 13 días de noviembre y según el Instituto Nacional de Meteorología, de aquí al domingo nos espera más de lo mismo: cielos soleados interrumpidos momentaneamente por nubes que, frente a cambios inesperados, no traerán ni una pizca de lluvia. Es decir, llegaremos al 20 de noviembre sin una gota de agua, tras un mes de ocubre que, aunque llovió, no fue para tirar cohetes.