Diariamente sobrevuelan palomas sobre la plaza
Vistas de la plaza donde diariamente sobrevuelan palomas TAMARA SÁNCHEZ

Junto a otras plazas como el Arenal, Plateros y la Alameda del Banco, la plaza de las Angustias es uno de los puntos neurálgicos del casco histórico de la ciudad. Tiene su alma en el centro con su águila referente al heroísmo de Juan Manuel Durán, uno sus hijos predilectos, el teniente de navío Juan Manuel Durán, jerezano nacido en la calle Honda y tripulante del histórico vuelo del Plus Ultra. Y hacia el cielo se encuentran las enhiestas antenas radiadoras con que Guillermo Ruiz llevara al mundo la fama de su tierra nativa.

Su alma es el monumento dedicado a Juan Manuel Durán, histórico tripulante del vuelo Plus Ultra

Sin embargo, no siempre se le conoció como la plaza de las Angustias, sino que durante un periodo fue llamada Llano de las Angustias, porque a la salida de la calle Corredera había un baluarte, sobre 1578, donde los devotos podían ver en la alzada de la capilla del Humilladero la imagen de la virgen, que era muy visitada.

Es, sin lugar a dudas, la plaza de las Angustias un símbolo de Jerez, un punto de reunión y encuentro, y en la actualidad de paso y trajín para acceder a las calles céntricas con más actividad comercial. Toda persona que acuda al centro en autobús ha de pasar de forma obligada por esta plaza, a través de Diego Fernández Herrera o de la propia calle Medina.

No obstante, en años anteriores Las Angustias disfrutaba de una mayor acción comercial. Y es que aunque Jesús Morales, el quiosquero de la plaza, conserve su negocio desde hace 60 años, o el bar Salas lleve más de 45 años abierto, otros muchos grandes empresas han tenido que dar el cerrojazo. Es el caso de Calzados Valero, que se convirtió en uno de los motores económicos de la zona durante más de 50 años, y que ahora da lástima ver cómo el local se encuentra totalmente abandonado.

De esta manera, Valero es uno de los apellidos más relacionados a la historia de la plaza, junto a los Bohórquez o los Aranda. Precisamente en la puerta de la casa del cirujano y político republicano Fermín Aranda, tuvo lugar uno de los sucesos más negros de la historia de las Angustias, con el estallido de una bomba con la que los anarquistas intentaron atentar contra su vida.

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