Compra, supermercado, carrito, saludable.
Un carrito de la compra en un pasillo de supermercado. CHRIS WHITEHEAD

Bajo la premisa de "dime qué compras y te diré qué comes", la Mesa de Participación, que agrupa a las asociaciones de consumidores Ceaccu, Fuci, Cecu, Unae y UCA/Cauce más Mercadona, ha realizado una encuesta de hábitos de consumo de la población de España que, además de analizar la cesta de la compra, aborda los hábitos alimenticios actuales.

43% de los consumidores más jóvenes afirma comprar habitualmente pescado congelado en lugar de fresco Como arranque, el 77% de los españoles considera que se alimenta de manera saludable, el 15% no lo sabe y solamente el 8% declara mantener hábitos no saludables.

No obstante, las percepciones varían dependiendo de la residencia. Así, los urbanitas se muestran más optimistas, pues el 79% de los encuestados declara comer saludable, frente a un 66% de los habitantes de zonas rurales. Lo que no significa que estos últimos piensen que sus dietas son insanas; curiosamente, en los dos ámbitos, el 8% declara comer de forma inadecuada.

La diferencia radica, pues, en el desconocimiento que muestran unos y otros. Mientras que el 13% de los habitantes urbanos no sabe si su alimentación es saludable, en el campo la incredulidad crece al 26%.

Cecilia Díaz Méndez, catedrática de Sociología de la Universidad de Oviedo y experta en sociología del consumo, de la alimentación y del mundo rural, matiza este tipo de respuestas: "En general cuando se pregunta a la gente si hace bien las cosas, contesta de forma afirmativa".

En uno de sus estudios, algunos jóvenes reconocían tener malos hábitos alimentarios, que achacaban a condicionantes como el trabajo y expresaban su intención de cambiar.

Y, matiza Díaz, se trataba de cosas menores como comer muy deprisa, no respetar los horarios o tomar exceso de carne. Respecto a la diferencia entre los habitantes de zonas rurales, considera que se puede explicar en parte por tratarse de una población envejecida y con una oferta más limitada.

Sin embargo, reconoce que en sus estudios, al preguntar sobre la confianza en la alimentación, detectaron que en el campo se mostraban más críticos con los alimentos que ingerían. "Lo achacamos a que son personas que están más cercanas a los procesos de elaboración de los alimentos, los conocen mejor", indica.

La gente de los entornos rurales, más crítica con lo que come La advertencia de la catedrática de Sociología sobre la diferencia entra la percepción y la realidad queda patente en el estudio de la Mesa de Participación, que detecta unos hábitos no tan saludables. El propio informe concluye al tratar la frecuencia de ingesta de ciertos alimentos que "distan de lo idóneo y reflejan unos hábitos alimenticios poco saludables".

Como argumento apunta que el 71% de los encuestados consume carne 2 o 3 veces por semana, y en el caso del pescado, el 25% solo una vez por semana.

La verdura, un 7% la come solo una vez por semana y el 1% nunca. En el caso de la fruta, un 20% la ingiere 2 o 3 veces por semana y un 5% una vez cada 7 días. "Un 46% de los consumidores encuestados, tan solo consume legumbre una vez a la semana", dice el estudio.

Una vez más existen diferencias, pues en las zonas rurales de España se detecta una alimentación más equilibrada con un "mayor consumo de pescado y legumbres, y un menor consumo de alimentos industriales, bebidas alcohólicas y bebidas refrescantes".

A favor de las dietas actuales, el estudio recoge el alto volumen de alimentos frescos en la cesta de la compra en España, frente a los congelados o platos preparados.

En el caso de la carne, el 93% de los encuestados declara que la compra fresca, un 71% para el pescado –un 27% es congelado–, un 92% para la verdura, un 98% para la fruta y, algo menos en el caso de pastas y legumbres y bollería y pastelería, donde ganan enteros los platos preparados.

Respecto a cómo se compran estos productos frescos, a partes iguales se piden al vendedor (más frecuente en tiendas de proximidad) o al peso eligiendo el comprador (más usual en medianas y grandes superficies).

El 12% tira de bandejas preparadas y otro 7% dice que escoge las bandejas por falta de tiempo.

No obstante, el estudio aprecia diferencias notables dependiendo de la edad. "El 43% de los consumidores más jóvenes que afirman comprar habitualmente pescado congelado frente al fresco alegan el factor tiempo, que el congelado tiene una posibilidad de almacenamiento en casa mucho mayor y que es más fácil su preparación, ya que suele venir limpio y preparado para el cocinado".

A menos ingresos, menos saludables son las dietas

Pero además, el informe apunta que "aquí entraría el factor precio". Díaz Méndez se refiere a la capacidad económica como la principal razón que marca la diferencia en las dietas de los distintos grupos sociales en España.

"Las concepciones de la salud no varían mucho, sin importar el nivel económico y social. Tenemos una tradición culinaria compartida y unos hábitos consolidados en el pasado", puntualiza.

Se come más carne y menos verdura" Cosa distinta es la capacidad de poder afrontar el coste de adquirir unos alimentos u otros. "A menores ingresos, menos saludables son las dietas. Quizá coman carne, pero no es lo mismo salchicha que filete", dice.

Para saber hasta qué punto el nivel económico marca las diferencias en la alimentación, la catedrática está llevando a cabo un estudio para determinar la cesta de la compra por niveles sociolaborales.

Aunque es pronto para adelantar nada, cree que es posible que en los niveles económicos más bajos aparezcan más alimentos precocinados.

Sin embargo, tanto la Mesa de Participación como Díaz Méndez apuntan a la calidad como uno de los factores en la decisión de compra.

El informe de las asociaciones de consumidores recoge que para el 50% de los encuestados la calidad es el principal factor, por un 21% que señala el precio.

Otro 20% se mueve por "preferencias personales", un 7% por las ofertas y el 2% por las marcas. La socióloga experta en alimentación y consumo coincide en que la gente compra más por calidad, según ha detectado en sus estudios.

"Con la crisis la gente no ha cambiado su cesta de la compra, lo que ha variado es el establecimiento de compra. Pero no solo buscando mejor precio, también calidad. Y cuando han encontrado uno del que se fían, compran su marca blanca", dice.

Se come menos pescado por ser un alimento caro En su opinión, la crisis ha hecho que la gente sea más reflexiva sobre el despilfarro, sin importar su nivel adquisitivo ni su grupo social. "Se miran más a sí mismos respecto al consumo".

Ante la pregunta de si nos alimentamos mejor o peor que nuestros padres y abuelos, la catedrática de la Universidad de Oviedo empieza por matizar qué se entiende por "mejor y peor". Aunque señala algunos cambios generacionales en la dieta.

El principal es que se ha reducido la ingesta: "Antes había un entrante, primero, segundo y postre y ahora no. Lo que no significa que se coma peor".

Otro aspecto que resalta es que parece que vamos hacia un modelo con más grasas animales que vegetales. "Se come ahora más carne y menos verduras". Igualmente, se ha reducido el pescado, en parte, por tratarse de un alimento más caro.

Respecto a dónde se come, el estudio concluye que el 38,5% de los encuestados jamás lo hace fuera de casa.