La pintura silenciosa y discreta con la que Agnes Martin buscaba la paz interior con el minimalismo

  • La canadiense Agnes Martin (1912-2004) fue una de las pocas mujeres del expresionismo abstracto, pero dejó la fama para vivir en soledad en el desierto.
  • Padeció esquizofrenia, era lesbiana en el armario y sostenía que los cuadros no deben basarse en la vista, sino en la 'sabiduría eterna de la mente'.
  • La mayor exposición sobre la obra de esta precursora de la representación del vacío se celebra en la sede central del Guggenheim de Nueva York.
Rejillas trazadas a lápiz, un motivo recurrente en la obra de Agnes Martin
Rejillas trazadas a lápiz, un motivo recurrente en la obra de Agnes Martin
© 2015 Agnes Martin/Artists Rights Society (ARS), New York

Rejillas y cuadrículas sutiles, casi siempre dibujadas a lápiz, colores lavados hasta un momento muy cercano al blanco, figuras geométricas de escaso peso, puntos que se repiten... El arte de Agnes Martin (1912-2004) estaba inspirada en la paz del vacío interior. Le importaba poco el sentido de la vista porque, afirmaba, la pintura debe asentarse sobre la "sabiduría eterna de la mente".

La mayor retrospectiva sobre una artista dolorida —padeció esquizofrenia, fue tratada con electrochoques y, aunque pudo lidiar con la enfermedad, sufría debilitantes episodios de psicosis— que decidió renunciar a la fama en 1967, cuando era considerada una de las grandes promesas del expresionismo abstracto de la escuela de Nueva York, se celebra ahora, hasta el 11 de enero, en la sede central del Guggenheim.

Hija de agricultores modestos

La exposición muestra 115 obras: desde las menos conocidas de la década de los años cincuenta, poco después de trasladarse a la urbe neoyorquina desde Canadá, donde había nacido en una familia de agricultores modestos —el padre murió cuando la niña tenía dos años, la madre se dedicó a la venta inmobiliaria para poder vivir y la cría pasó gran parte de la infancia al cuidado de su abuelo materno, un apasionado de los libros que la introdujo en los variados paisajes de la literatura—, hasta las que pintó Martin en sus últimos años.

Aunque había viajado a Nueva York —adquirió con el tiempo la nacionalidad estadounidense— con la intención de formarse como profesora de arte, en la ciudad empezó a pintar y se hizo amiga de algunos de los artistas del expresionismo abstracto que nacía en los años cincuenta, entre ellos Robert Indiana, Robert Rauschenberg y Jasper Johns. También, tras asistir a una conferencia de  D. T. Suzuki, uno de los introductores en Occidente del zen, se interesó por la disciplina meditativa budista que preconiza la búsqueda de sentido y paz vitales mediante el ejercicio del silencio.

'La agresividad es para cortos de mente'

"Lo que me gusta del zen es que no cree en los objetivos. Yo tampoco creo que la manera de triunfar es hacer algo agresivo. La agresividad es para cortos de mente", escribió por entonces la precoz artista, que decidió destruir casi todas sus primeras obras y cambiar de rumbo hacia un minimalismo extremo y radical. Una caja de lápices le bastaba para hacer arte y casi todos sus cuadros desde entonces se limitaron al dibujo de líneas paralelas, cuadrículas perfectas y, en ocasiones, círculos o formas geométricas monocromáticas.

En 1967 sufrió un grave episodio de psicosis y tuvo que ser internada durante unos cuantos meses en un hospital psiquiátrico, donde le diagnosticaron esquizofrenia. Al ser dada de alta tomó una decisión radical: se marchó del competitivo y estresante ambiente neoyorquino, puso rumbo al sur y vagó durante dos años antes de establecerse en Taos, en el estado de Nuevo México, un lugar tranquilo con tradición de refugio de artistas —el escritor D.H. Lawrence, la pintora Georgia O'Keeffe...— en donde Martin vivió el resto de su vida —el museo local tiene la mejor colección del mundo de cuadros de la pintora—.

'Lo mejor de la vida ocurre cuando estás sola'

Dando clases esporádicas para ingresar algo de dinero, cultivaba una soledad que le venía bien a su mente herida —"lo mejor de la vida ocurre cuando estás sola"— y, tras unos cuantos años alejada de la pintura, volvió a dibujar rigurosamente cada día de 8.30 a 11.30, indagando en el mismo estilo de mínima intervención sobre la pieza. Quería, dijo en una ocasión, que sus cuadros se acercaran a la música: "La respuesta artística pasa por la emoción y la música es la forma más alta del arte. Es totalmente abstracta y afecta a nuestros sentidos y mente de una forma ocho veces más potente que cualquier otra expresión artística".

De alguna manera cumplió el objetivo y logró convivir gracias a la práctica de la pintura silenciosa con los ataques de debilitante psicosis que la acompañaron toda la vida y limitaron su movilidad. Pese a ello nunca quiso tener ayudantes o enfermeros que la cuidasen y se valió por sí misma hasta el fallecimiento a los 92 años. Antes de morir pintó un último cuadro —cinco líneas perfectamente horizontales— y pidió expresamente que no deseaba oficio religioso de ningún tipo.

Muy apreciada por la comunidad artística —se considera que fue una pionera y que superó la condición de enferma, mujer y lesbiana en un momento dominado por los hombres—, en vida se organizó una retrospectiva de su obra en el Whitney Museum of American Art en 1992. En 1992 el presidente Bill Clinton le otorgó la Medalla Nacional de las Artes y en 2014 Google le dedicó un doodle, quizá la constatación de que su obra es cercana y popular.

Cuadros que parecen latir

Los cuadros, casi siempre pintados con lápices aunque hay algunos en acrílicos, son de una simpleza y discreción nada engañosas —Martin deseaba ser económica y dibujar de manera esencial, limitada y minimalista (no le gustaba el adjetivo, porque, decía, lo suyo era en realidad "realismo")—. En ocasiones parecen latir o formar parte de uno de los espejismos creados por el calor en la superficie de un terreno árido. En otras, repiten patrones rectangulares, componiendo un paisaje turbador y tranquilo, quizá intentando transmitir, como propone el zen, que el secreto de la paz puede lograrse sólo mediante una enseñanza basada en la "transmisión especial fuera de las escrituras, no encontrada en palabra o letras".

Entre las piezas que se exponen en Nueva York hay serigrafías de una de las colecciones más logradas de Martin, On a Clear Day (1973), un álbum de treinta rejillas de diferentes proporciones y estructuradas siempre mediante líneas paralelas. En los últimos años de su vida volvió a introducir formas geométricas y coloraciones más sólidas en sus pinturas.

Aunque era una persona con demonios interiores en ebullición, esta artista radical nunca dejó de rechazar la representación pura. Cuando habló, en sus escasas entrevistas, sobre los temas que prefería y las razones de esa querencia por el silencio y el vacío, fue clara: "Pinto sobre la sensación de la belleza y la libertad que experimento en el paisaje. Mi respuesta a la naturaleza es una respuesta a la belleza. El agua es hermosa, los árboles son hermosos, incluso el polvo es hermoso. Es la belleza quien me llama".

Las ideas, 'inadecuadas'

Al mismo tiempo secundaba la manera de enfrentarse a la vida y sus conmociones mediante el zen: "Soy muy cuidadosa de no tener ideas. Son muy inadecuadas (...) Lo principal para hacer arte es dejarse llevar y no derivar hacia ideas preconcebidas o expectativas".

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