Su carta de despedida ha emocionado a esta redacción (ver vínculo Recuerdo de mis carreras). «Ahí están todos mis sentimientos. Me salían de pronto, del corazón", me comenta por teléfono.

«Javi, el nazareno de la silla de ruedas o Javi, el del carrito», como le llaman en su barrio de El Tiro de Línea se retira de las pistas por prescripción médica: tiene el hueso de la clavícula fuera del sobre esfuerzo.

En su currículum hay más de una medalla. Ha sido el primer nazareno de España en silla de ruedas -sale en Santa Genoveva desde los 10 años- y fue el primero que en sus circunstancias corrió la I Maratón de Sevilla.

Estos son algunos de los recuerdos de ese trabajador de la ONCE, de 42 años, que se autodefine como «valiente, luchador y optimista», alguien que nació con espina bífida, enfermedad que no le ha impedido participar en todo lo que se apuntan los demás, por la sencilla razón de que no le gusta que le traten diferente.

"En la I Maratón de Sevilla (1985) mi silla era de hierro antigua pero la mejor que he tenido para correr. Me la hizo mi padre, todo un manitas que fue toda la carrera controlándome el tiempo y la velocidad en una bicicleta de montaña antigua de esas que pesaban tanto". No fue su primera sorpresa. Casi en la recta final del recorrido se encontró a su madre por la Avenida de la Constitución. "Me harte de reír porque tuvo la idea de ponerse detrás a empujarme para que descansara. La verdad es que me vino muy bien". Javier tardó 4:09:21.

En la carrera popular de Distrito Sur (2004) consiguió el tercer puesto y en la nocturna del Guadalquivir tardó 56 minutos. Dos años después, corrió otra vez la maratón, la prueba más dura.

«En el kilometro 25 estaban mi mujer Pepi y mi niña Miriam chillándome y animándome. Me dieron una bebida isotónica para apagar mi sed", comenta.

Llegó a la meta dos minutos antes de cerrar.
Tardó 4.58. «Oía a las asistentas médicas que decían corred que el atleta minusválido se va a desmayar envolvedlo en una toalla que se pondrá a temblar, efectivamente, lo que pasó».

Su última carrera, la de la despedida, fue el 13 de mayo de este año. "Comencé muy fuerte y me mantuve. El público me gritaba y aplaudía. Llegué con las lágrimas en los ojos, casi ni veía, pero me retiré orgulloso en el primer puesto. Con un tiempo de 46 minutos y 45 segundos, superando el de 2004».

Con este medallero, Javier da las gracias a su familia y amigos que le han apoyado y se va convencido de que la carrera más importante es la de la vida, llegar a la meta que se pone uno mismo.

Pido que eliminen las barreras
Francisco Javier Villa pide que supriman las barreras arquitectónicas. La que más le molesta de Sevilla es la de los autobuses de Tussam. “Todos tienen rampas pero la mayoría no funciona”, se queja. Aunque el carril bici dice que le ha venido bien, no entiende cómo no arreglan los desniveles, es decir, los escalones de los acerados. Anima a los otros minusválidos a que salgan a las discotecas, vayan a la playas y hagan una vida normal. ¿Su leiv motiv? «Luchar y mirar para delante porque siempre hay algo por lo que reírse», afirma este campeón.