Ibrahim Gambari y Aung San Suu Kyi
Imagen de archivo de noviembre de 2006. EFE
El enviado especial de la ONU para Birmania (Myanmar), Ibrahim Gambari, habló este domingo con la líder del movimiento democrático birmano , Aung San Suu Kyi, y con miembros de la Junta Militar, en un intento de acabar con la brutal represión que ha causado al menos 16 muertos en una semana.

Hacía casi un año que Gambari no podía entrevistarse con Suu Kyi, que, a sus 62 años, cumple su cuarto año consecutivo de arresto domiciliario y de quien los militares esperan que utilice su influencia con los manifestantes que protagonizan desde hace más de un mes movilizaciones en protesta por la subida de los precios de los combustibles y para pedir democracia.

De lo tratado entre Gambari y Suu Kyi en el domicilio de la premio Nobel de la Paz de 1991 nada ha trascendido, como tampoco de las reuniones previas del diplomático nigeriano con los generales en la nueva capital del país, Napydaw, un ciudad levantada por ingenieros norcoreanos a la medida del régimen militar.

Habrá que esperar a que Gambari salga del país para que pueda contar sus conversaciones en Birmania
Varias reuniones con un solo objetivo

Según la ONU, Gambari, desde su llegada, se ha reunido con el primer ministro interino, el general Thein Shein, y con los titulares de Cultura, el comandante general Khin Aung Myint, y de Información, el general de brigada Kyaw Hsan, además de con altos funcionarios de Asuntos Exteriores, pero no con el canciller.

Fuentes diplomáticas informaron de que Gambari, tras despedirse de Suu Kyi, volvió a Napydaw para hablar con el "hombre fuerte" del régimen militar, el general Than Shwe, un experto en la guerra psicológica que, según dicen, no puede oír el nombre de la birmana, la jefa de la Liga Nacional por la Democracia (LND), el único partido que resiste la intensa presión de las autoridades.

El portavoz de la LND, Nyan Win, dijo que, como en ocasiones anteriores, habrá que esperar a que Gambari salga del país para que pueda contar sus conversaciones en Birmania y si ha conseguido su objetivo principal, el cese de la represión de las manifestaciones antigubernamentales, según radio Mizzima.

Las dos anteriores visitas de Gambari, en 2006, concluyeron sin conseguir ningún avance aparente en la reconciliación nacional, la democratización, la liberación de la líder del movimiento democrático o la excarcelación del millar de presos políticos recluidos en las cárceles birmanas.

El resto del mundo alza la voz

Israel ha expresado al Gobierno de Myanmar (antigua Birmania) su preocupación sobre la situación en ese país asiático y ha pedido a la junta militar que ejerza contención a la hora de aplacar a los manifestantes contra ese régimen.

El papa Benedicto XVI reclamó este sábado una solución pacífica para el conflicto en Birmania, solicitó la construcción de un mundo más justo socialmente, especialmente en África, y pidió que se rece por el diálogo de las dos Coreas, durante el tradicional rezo dominical del Ángelus.

El primer ministro de China, país al que la comunidad internacional ha pedido que use su supuesta influencia sobre la Junta Militar Birmana, prometió que Pekín "trabajará con la comunidad internacional para lograr una solución apropiada" y expresó su deseo de que se logre la estabilidad en el país vecino.

La cifra de muertos podría ser muy superior si se confirman las informaciones de la disidencia
Amnistía Internacional se ha concentrado en Madrid para exigir el respeto a los Derechos Humanos en Birmania, así como la inmediata liberación de los presos de conciencia, entre los que se encuentra la premio Nobel de la Paz y dirigente opositora Aung San Suu Kyi.

Orígenes

Las movilizaciones populares comenzaron el 19 de agosto pasado en protesta por las subidas de los precios de los combustibles, organizadas por la LND y el grupo Generación de Estudiantes del 88.

Los monjes budistas se pusieron al frente de las protestas el 17 de septiembre, cuando venció el plazo que habían dado al Gobierno para que se disculpara por el maltrato dado por los antidisturbios a los bonzos en una marcha pacífica en Pakkoku, el 5 de septiembre.

La presencia de los religiosos en las marchas pacíficas relanzó la causa y llegaron a congregar a más de 150.000 personas tan sólo en Rangún, el pasado día 25.

Ese mismo día, las autoridades prohibieron las reuniones públicas e impusieron el toque de queda en Rangún y Mandalay, las dos principales ciudades del país, para comenzar con la brutal represión.

Al menos 16 personas han muerto desde entonces, entre ellas dos extranjeros, aunque la cifra podría ser muy superior si se confirman las informaciones de la disidencia que denuncian que la Junta Militar ha hecho desaparecer decenas de cadáveres.

Las movilizaciones, en las que han sido detenidas más de 1.200 personas, entre ellas 1.000 monjes, han perdido fuerza en los tres últimos días, al mismo tiempo que los generales han reforzado sus posiciones y aislado los monasterios.Este domingo, por primera vez, no hubo manifestaciones en Rangún.

Birmania está gobernada por los militares desde hace 45 años y no celebra elecciones parlamentarias desde 1990, cuando el partido oficial perdió estrepitosamente ante la LND, unos comicios cuyos resultados desacataron los generales.