El escritor Jordi Sierra i Fabra
El escritor Jordi Sierra i Fabra. EFE

Arkadya, una novela juvenil donde la libertad y la justicia están en riesgo, es el último libro que ha publicado el autor vivo con más obra editada, Jordi Sierra i Fabra.

De este año es también el Premio Edebé, recibido por El aprendiz de brujo y los invisibles, y Tres días de agosto, la séptima entrega policiaca de Miquel Mascarell. Negra porque "de amor he hecho ya muchas historias. De mayor, que es cuando me volví muy romántico".

 ¿Y no es al revés normalmente?
No sé, pero yo ahora me enamoro de todo. Desde los 50 años empecé a hacer novelas de amor.

Bueno, siendo el autor con más obra publicada...
No quise batir récord, quise y quiero ser feliz. Y soy compulsivo, no tengo ni secretaria, hago el guion a mano.

¿No se deja llevar?
No. Tengo escritos 501 libros y aquí (muestra un pendrive) llevo 50 libros no publicados.

¿Por qué no los ha publicado?
Están por salir algunos, y hay otros que no saldrán nunca. Los llevo encima por si se me quema la casa que no se me queme esto.

Miro atrás y veo a un niño muy puteado, al que machacaron en la escuela y que era tartamudo perdidoY ahora, con sus 500 libros, mira atrás, se recuerda, ¿y qué ve?
Veo a un niño muy puteado. Sé lo que es tener 15 años y que nadie crea en ti: yo era así. Era tartamudo perdido. Mi padre me prohibía escribir, lloraba si me veía escribir, en la escuela me machacaron vivo. Era la escuela franquista represora que me machacaba y me decían que no soñara. Y yo no soy un santo, soy un demonio.

¿Qué tiene de demonio?
Mucho. Yo soy muy malo. De joven estaba cansado de que dijeran que era muy bueno.

Es que molesta eso de ser el bueno, sobre todo de jóvenes...
Tengo cinco palabras: paz, amor, respeto, honradez y esperanza. Es mi código ético. Pero lo otro es otra cosa. Y de joven estaba tan harto de ser el bueno que dije que me habían fichado para hacer un disco. Llegaba a trabajar y me hacía el afónico y decía que era porque había estado grabando la noche anterior.

¿En qué trabajaba?
En la construcción. Y me hice la portada de un disco, los reuní en casa y puse a Frank Sinatra y dijeron no lo hace mal. Desde ese día dejé de ser un buen tío. Aunque sea una buena persona.

¿Y si ponemos una foto a ese chico de entonces de quien es usted ahora? ¿Se lo habría creído?
Sí, nunca hubo un plan B. Sabía que sería escritor. En el 55 le dije a mi padre: viviré de escribir, en el 55 cuando nadie vivía de escribir. Cuando me declaré a mi mujer, hace 47 años, le dije: mírame, me gustas, quiero que seamos novios, trabajo en la construcción y estudio de noche, pero seré escritor y antes que padre o marido siempre seré escritor. Somos libres y por eso seguimos juntos. Ese niño es hoy un tío feliz que no cree en Dios ni en nada, pero sí en la esperanza. Cada día me levanto para escribir.

Le diría al ministro de Defensa que por uno de sus tanques yo puedo alimentar cerebralmente a 100.000 niños¿Corrige mucho?
No corrijo nada. Porque el guion está muy trabajado. Si corrijo, lo enfrío. Si eres rápido, eres sincero.

Su compromiso con los niños ¿es el mayor de todos?
Pensaba que ser escritor era lo mejor y un día en Medellín fui a un colegio a llevar libros. Se me acercó un niño y le dije qué quieres, y él preguntó: ¿es usted el que trae los libros?; sí, le dije; es que me gusta leer, gracias. Y me eché a llorar, ese niño me daba la lección. Escribo por gente como él, que no acabará en las Farc, porque un día alguien le dio un libro.

La cultura es el mejor 'arma'...
El alcalde de Medellín empezó a destinar el 60% para cultura. Y ha dejado de ser la ciudad más violenta del mundo, como lo era en los años 90, y ese cambio es por la cultura. Creo en eso, en los libros y en la cultura. Yo vendía pan de niño, éramos pobres en casa, y alquilaba libros. Me formé leyendo mierda, lo que podía. Yo soy el cerdo de la literatura, nací en una porqueriza, me crie leyendo porquerías, es la prueba de que aunque leas libros malos se puede. Y he sido roquero y no bebo, no fumo, no me drogo.

¿Nunca lo hizo?
No, respeto mi mente y la quiero preparada para la escritura. He renunciado a muchas cosas para ser escritor. Y dejé la música con éxito. Vivía muy bien, pero un día me dije: ¿esto es una vida de escritor?

¿Había dejado de aprender?
Y que no me veía con 50 años escribiendo de rock. Yo quería ser escritor.

Una de las cosas que más le duele en cuanto a la educación en libros de padres o profesores...
Cuando un maestro dice: castigado a la biblioteca, pero ¿cómo?, ¿qué clase de asociación es ésa?

Si le obligaran a ser ministro de Cultura, imagine que le ponen una pistola para que lo sea: ¿qué es lo primero que haría?
Llamaría a un montón de escritores a preguntar qué hacemos y le diría al ministro de Defensa que por uno de sus tanques yo puedo alimentar cerebralmente a 100.000 niños. Dirigir un país de burros es fácil y cómodo, pero un país que valga la pena ser dirigido. Y la cultura ahí es fundamental. Ellos quieren que la gente sea burra y se muera burra.