Uno de cada cinco edificios de Sevilla tiene termitas

Y la mitad de los de la provincia. El problema es que muchos vecinos no lo saben. Las vigas de la Delegación de Cultura padecen un ataque «preocupante».
Vigas de madera, plato fuerte de las termitas, de un convento sevillano.
Vigas de madera, plato fuerte de las termitas, de un convento sevillano.

Uno de cada cinco edificios de Sevilla capital y la mitad de los de la provincia sufren el ataque de las termitas, aunque muchos de sus vecinos ni lo saben. «Montequinto, Sevilla Este, Parque Alcosa y el centro son las zonas más infectadas», explica Abelardo Castro, portavoz de la Asociación Nacional de Empresas de Control de Plagas en Sevilla.

Se trata de larvas que se alimentan de celulosa, papel, cartón y madera. Atacan  marcos de ventana, puertas y vigas. «Puede hasta haber riesgo de derrumbe», dice Castro.

Su función, según Ángel Luis Mariscal, de la empresa de control de plagas Retonkil, es comerse la madera por dentro «hasta que la dejan hueca», justo lo que ha ocurrido en la sede de la Delegación de Cultura, ubicada en la calle Castelar, 22, donde 24 de las 44 vigas están afectadas y hay dinteles huecos por el extendido ataque de las termitas.

Van a sustituir los forjados de finales del s. xviii y principios del xix en la crujía sur-este del patio principal, la zona afectada, proyecto que ya ha aprobado la Comisión de Patrimonio en su última reunión celebrada en julio.

Como el deterioro era «bastante preocupante», se ordenó desalojar los despachos ubicados en la planta baja y primera, almacén de entreplanta y apuntalamiento de los forjados. Las obras, pendientes de contratación, comenzarán en breve.

OJO NO SON HORMIGAS BLANCAS

A las termitas les gusta la humedad. Viven en colonias en el subsuelo que pueden contar con más de dos millones de individuos. Mucho ojo porque se las confunde con hormigas blancas, así que si las encuentra en casa y observa que tienen alas, avise a una empresa especializada porque son las reinas, las que ponen los huevos. También hacen una especie de túnel en los bajos de los marcos de las puertas «buscando su fuente de alimentación», explica Castro. La madera que más le gusta es el pino. Fumigar un chalé de 200 m2 puede costar 3.600 euros.

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