Renee Zellweger
Renee Zellweger, en una imagen de la promoción de las anteriores entregas de Bridget Jones y en una captura de la entrevista en la NBC esta semana. GTRES / NBC

La actriz Renée Zellweger volvió a dar la sopresa hace tan sólo unas semanas por unas nuevas fotografías en las que aparecía con un rostro casi irreconocible. Cabe recordar que hace dos años protagonizó una enorme polémica por las operaciones estéticas a las que se había sometido y que le habían hecho ser completamente "diferente", cosa que a ella pareció encantarle: "Me alegra que la gente crea que estoy diferente".

El caso es que buena parte de los cambios faciales de la actriz se han atribuído al bótox, una sustancia utilizada en medicina estética que no siempre es el culpable de esas caras de porcelana pero sin expresividad que buscan algunas personas (en contra de lo que se cree no sólo mujeres, puesto que los varones representan entre el 30 y el 40% de los clientes de este tratamiento).

Para el Dr. Óscar Junco Polaino, del Hospital CIMA de Barcelona, independientemente de las opiniones de expertos y espectadores, "cumplía la premisa básica del éxito de los tratamientos, que el paciente esté contento con los resultados".

Sin embargo, este profesional hace ver que no todo es cósa del bótox. "En el caso de Renée Zellweger creemos que puede haberse inyectado ácido hialurónico en los labios, vitaminas para iluminar y algo de bótox", explica. Esos tratamientos se habrían completado con algunos rellenos, según hace ver Juan Miguel Pérez Díaz, especialista en medicina estética y antiaging y director de la Clínica Doctor Pérez Díaz en Alicante y de la Clínica Holismo Médico en Madrid.

Centrados en el bótox, lo primero que hacen ver los expertos es que los tratamientos de medicina estética tienen una durabilidad determinada, de modo que pasado un tiempo poco a poco los rellenos se van reabsorbiendo y el efecto del bótox va disminuyendo.

Adorado por medio mundo y demonizado por el otro medio, el bótox es en opinión de Óscar Junco el rey de los tratamientos estéticos y sobre él existen gran número de leyendas urbanas.

La toxina botulínica (bótox) se empezó a usar en los años 90 para fines neurológicos y a raíz de la inquietud de unas enfermeras en un hospital de Nueva York se empezó a aplicar con fines estéticos, cuenta Juan Miguel Pérez, que hace ver que ahora también se usa bótox en cirugía general en casos como las fisuras anales, en incontinencias e incluso en tratamientos contra el acné o en casos de sudoración excesiva. Otras indicaciones del bótox son el tratamiento de las migrañas y los espasmos musculares en cuello y ojos.

Todos los productos están avalados, dado que "existen hace muchos años y sin contraindicaciones, pero son medicinas y han de tener un control por cuestiones como la alergia", explica el Dr. Pérez.

¿Para qué sirve el bótox?

El Dr. Óscar Junco Polaino explica que:

  • Sirve para prevenir futuras arrugas y para difuminar las existentes.
  • Los efectos dependen del grosor de la piel, de la fuerza del músculo y de la profundidad de las arrugas.
  • Sus posibles beneficios se aprecian a partir del tercer día y desaparecen después de cinco o seis meses.
  • No se debe inyectar en mujeres que se encuentren embarazadas.
  • No existe un máximo de sesiones recomendadas para una misma persona, es fundamental contar con un asesoramiento profesional reconocido.
  • La cantidad máxima que habitualmente se utiliza (50-100 unidades por ampolla) no puede desencadenar un cuadro de botulismo en el paciente.
  • No se inyecta en la arruga sino en el músculo que la genera.
  • No debe inyectarse en todos los músculos de la cara sino estratégicamente y de manera personalizada en cada persona según su anatomía, para así conseguir resultados totalmente naturales y no caras de porcelana.
  • El bótox más que paralizar lo que consigue es debilitar temporalmente el músculo en el cual se inyecta.
  • No precisa anestesia previa y no interfiere con la vida laboral y social.
  • Es diferente al ácido hialurónico, que sí se inyecta debajo de la arruga y cuya finalidad es dar volumen allí donde falte.
  • Las zonas más comúnmente infiltradas con bótox corresponden al tercio superior de la cara: frente, entrecejo y patas de gallo.
  • No es cierto que sea una sustancia tóxica y nociva para la salud a pesar de heredar el nombre de toxina botulínica, al tratarse de una proteína purificada y sintetizada.

¿Cómo debe usarse el bótox?

Juan Miguel Pérez explica que "hay tantas formas de poner bótox como médicos y pacientes. La estética tiene que ser armónica y natural. Sin expresiones artificiales". El problema llega cuando el propio paciente es el que busca unos resultados demasiado alejados de lo que cabría esperar en el rostro de cualquiera.

"Hay pacientes que quieren una cara congelada en el tiempo, sin expresión, pero es una petición que está en desuso porque se lleva más lo natural", indica Pérez, que revela que "casi nadie se pone ya tantos pómulos, no se deforma tanto al paciente".

En eso, los profesionales de la cirugía estética tienen una labor pedagógica importante. "Unos años atrás había muchas peticiones extremas y nos teníamos que negar a hacer ciertas cosas", dice Pérez, que en su clínica tiene "psicólogo y psiquiatra que se encarga de esos problemas".

Sin embargo, este profesional niega que haya una adicción generalizada por los retoques. "Lejos de lo que todo el mundo piensa, el 98% de los pacientes son hombres y mujeres normales, de todo tipo, con trabajo, y clase social diferente, que vienen 3 o 4 veces al año como mucho y por una inquietud estética".

Lo que ahora buscan los clientes es el "rejuvenecimiento muscular y de la piel, que lo que hace es recuperar los signos de cansancio, no se preocupan tanto por la arruga como por tener buena cara. Hemos pasado de 'quiero estar estirado' a 'quiero tener buena cara', a recuperar la lozanía". "Nunca volverás a tener 20 años, eso hay que tenerlo claro", advierte este experto.