Director del Vida Festival
Dani Poveda, director del Vida Festival de Barcelona. VIDA FESTIVAL

Nació en 2014 de las cenizas del Faraday y, a pesar de ser un recién llegado, su propuesta –intimista, familiar, donde se disfruta del entorno natural y se prioriza la acústica en los conciertos– ha enamorado tanto a público como a artistas. Convencidos de que la calidad está un paso por encima de la cantidad se preparan para celebrar su tercera edición (30 jun-3 julio) en compañía de Wilco y The Divine Comedy.

Solo dos ediciones y ya os habéis convertido en un festival de referencia a nivel nacional. ¿Cuáles crees que son las claves para haber convencido a los medios especializados?
Creemos que el punto clave es que tratamos a la gente como a personas y no como a unidades.

¿De qué manera ha influido en el éxito del Vida el bagaje de vuestra experiencia anterior con el Faraday?
Se lo debemos todo al Faraday. Nos ayudó a entender que los eventos culturales se podían descentralizar y hacer festivales fuera de las áreas metropolitanas. Sin Faraday no existiría el Vida.

Tener hijos no quiere decir que ya no tengas ganas de ir a un festivalEl año pasado recibisteis el Premio Fest al mejor festival español de mediano formato. ¿En qué ayuda un reconocimiento como éste?
Los premios están bien si los ganas y, aunque nos hizo mucha ilusión, nuestras ganas de trabajar en el proyecto no cambian.

Uno de los puntos fuertes del cartel es el peso que dais a las bandas nacionales y, por extensión, catalanas. ¿Os interesa mantener un buen equilibrio entre artistas nacionales y extranjeros?
Sí, para nosotros es básico un buen balance en el cartel en ese sentido.

¿Hasta qué punto os quita el sueño conseguir unos buenos cabeza de cartel internacionales? ¿Qué priorizáis a la hora de seleccionar a un artista u otro?
Intentamos siempre que hayan lanzado al mercado en los últimos meses un nuevo álbum y que sigan la línea artística que nos caracteriza.

Este año el gran reclamo es Wilco. La banda tiene solo tres fechas en España este verano y todas en escenarios muy especiales. ¿Ha tenido especial interés para ellos el entorno a la hora de decir que sí a vuestra propuesta? ¿Fue fácil convencerles?
Después de dos ediciones, tanto artistas nacionales como internacionales empiezan a saber que tocar en el Vida es tocar en un festival que cuida mucho tanto el sonido como el entorno y eso hace que la comunión entre artista y público sea única.

Puestos a soñar, ¿a quién os gustaría fichar el próximo verano?
Personalmente me encantaría tener a Neil Young, pero –según su propio manager– ‘He is a very expensive hippie’ (risas).

¿Cómo definiríais al espectador medio que va a vuestro festival?
Me gusta que me hagas esta pregunta… El público del Vida es un público al que le gusta invertir en cultura en un entorno festivo.

El Vida ya es conocido por muchos como el festival para ir en familia. ¿De dónde surge esta especial sensibilidad por crear un ambiente idóneo para esos padres que no quieren renunciar a disfrutar de un buen festival con sus hijos?
Bueno, tenemos una edad en la que el 90% de nuestros amigos –y de nosotros mismos– tiene hijos, así que ha sido una necesidad que hemos vivido en nuestro entorno. Tener hijos no quiere decir que ya no tengas ganas de ir a un festival, pero sí que necesitas un ambiente un poco más acogedor y accesible.

Es imposible hacer el Vida para veinte o treinta mil personasExplícanos también qué es El Nido y qué novedades incorporaréis en él esta edición.
El Nido está planteado como un espacio con talleres, conciertos y diversas actividades que fomentan la interacción entre grandes y pequeños, pero no es un ‘aparca-niños’... Este año mejoraremos la oferta, sobre todo, ampliando el rango de edades que pueden encontrar alguna actividad atractiva.

El festival destaca también por las actividades extramusicales que ofrece al visitante: talleres, cine, un mercado para diseñadores, gastronomía… ¿Qué importancia le dais?
Le damos mucha importancia a todo lo que supone un valor añadido sobre lo que se entiende como un festival de música, así que para nosotros es un punto básico. Además, tenemos un departamento artístico –liderado por la arquitecta Estefanía Pérez– que cuida con mucho mimo todas las decoraciones e intervenciones artísticas, con un leitmotiv que pretende integrarlo todo, este año en concreto es La naturaleza geométrica y los efectos ópticos.

Otro pilar importante del Vida es el entorno. ¿Qué os interesaba cuando os decantasteis por la masía?
Somos unos románticos, así que teníamos muy claro que queríamos hacer el festival en nuestra ciudad y, dentro de las posibilidades que nos ofrecía, tuvimos muy claro desde el principio que la masía (Masía d’en Cabanyes en Vilanova i la Geltrú) era un emplazamiento ideal para el tipo de festival que teníamos en mente.

Promovéis la bicicleta como medio de transporte durante los días del festival. ¿Cuál ha sido la respuesta de los asistentes? ¿Realizáis más acciones sostenibles?
La verdad es que Vilanova es una ciudad ideal para moverse en bicicleta y con el Vida Bikes promovemos su uso. Si que vemos que cada vez más público está optando por venir con la suya o alquilar una para moverse durante el festival. Aparte de eso, al ser un festival en un entorno natural, intentamos tener el menor impacto posible, premiando el uso de vasos reutilizables y demás.

¿Tenéis pretensión de crecer en tamaño?
Tenemos muy claro que es imposible hacer el Vida para veinte o treinta mil personas, va totalmente en contra del concepto así que no, no vamos a crecer en tamaño.