Por segundo año consecutivo, el festival Summercase arrancó este viernes en el recinto Viñas Viejas de Boadilla del Monte (Madrid). Pese a su vinícola denominación, el lugar en cuestión no es otra cosa que un inmenso descampado de arena lleno de piedras de todos los tamaños, y en el que probablemente la especulación inmobiliaria no tarde en hacer acto de presencia en poco tiempo.

El intenso calor no desanimó a decenas de jóvenes que ya tomaban posiciones desde primera hora de la tarde en las calles aledañas. Los efectivos de la Guardia Civil y la Policía Local, repartidos entre las mil y una rotondas de Boadilla, se habían afanado en proteger los bulevares de cesped con vallas para que no fueran pasto del botellón, como ya ocurrió el año pasado. La omnipresencia de los agenetes de uno y otro cuerpo contrastó con la ausencia total de incidentes durante toda la jornada.

Los grupos a los que había tocado en suerte abrir la programación tuvieron que emplearse al máximo para soportar unas temperaturas que rozaban los 40 grados. Así les ocurrió a los toledanos The Sunday Drivers, pese a lo cual estuvieron arropados por sus incondicionales a la hora de desgranar los temas de su reciente Tiny Telephone. La actuación, poco antes de que cayera el sol, del inigualable Mark Lanegan junto a Soulsavers fue otro de los momentos más atractivos de la jornada diurna.

Llega la noche, llegan los platos fuertes

La actuación de DJ Shadow en uno de los escenarios principales prometía. Y no defraudó. El malabarista californiano de los samplers comenzó aclarando que iba a pinchar música hecha exclusivamente por él, para acto seguido disparar un set vibrante en el que no faltó casi ninguno de sus clásicos, magistralmente mezclados y acompañados en todo momento por un sonido nítido y demoledor. La noche, mucho menos calurosa que en Madrid capital, había caído ya sobre Boadilla, y la temperatura era perfecta.

A las 23.15, los escoceses The Jesus & Mary Chain hicieron aparición en el otro gran escenario, la llamada terminal O. El suyo fue un directo algo más descafeinado, en el que el sonido no brilló tanto como en otros conciertos del día pero en el que supieron estar a la altura de la leyenda viva en la que se han convertido tras ocho años separados.

Tras ellos, el dúo francés Air desplegó todo su aparato sonoro sobre el escenario de la terminal E. Su particular mezcla de pop y electrónica puso la nota más reposada del festival, si bien supieron dotar a sus oníricas composiciones del plus de energía extra que supone el directo. Su estática presencia escénica no empañó unos temas que se defienden por sí solos por su calidez y preciosismo.

Poco antes, la incombustible Beth Ditto y su banda The Gossip habían puesto el contrapunto festivo más punk a la cita, llevando el delirio a la abarrotada carpa en forma de media luna. Kaiser Chiefs hicieron lo propio en el escenario principal pasadas las 2 de la mañana. Con un repertorio calcado al que presentaron hace escasos meses durante su gira española, los británicos supieron conectar con el público a la perfección. Sus estribillos, ideales para corear al más puro estilo hooligan, difícilmente pueden encontrar mejor eco que el de un festival veraniego.

La carpa pareció quedarse pequeña para !!!. El grupo neoyorquino de nombre adaptable a los gustos del oyente (se puede pronunciar "chk chk chk" o de cualquier otra forma, siempre que sean tres sonidos iguales), llevó la diversión a sus cotas más altas con su funk electrónico de espíritu punk. Toda una fiesta.

La última gran cita del día era para The Chemical Brothers. La actuación del dúo inglés venía precedida por las críticas a su DJ set en la carpa de la pasada edición, en la que optaron por una sesión con protagonismo absoluto del tecno y dejaron de lado la gran mayoría de sus éxitos y su faceta más big beat. Pero esta vez querían resarcirse, y con nuevo disco bajo el brazo optaron por lo seguro. Así, uno tras otro fueron cayendo todos y cada uno de sus hits rompepistas, recibidos con alborozo por una audiencia entregada.

Ya desde el primer momento se pudo ver que la actual edición ha congregado a un número de personas significativamente superior a la anterior. Esto conllevó que, entre concierto y concierto, el polvo levantado por las masas llegara a convertir el aire en irrespirable en algunos puntos del recinto. Salvando las evidentes pegas que tiene el emplazamiento, la primera jornada del festival destacó por el buen sonido y la puntualidad de las actuaciones, así como por la entrega de grupos y público.