Guerra del Rif
Las tropas españolas usaron la artillería y la aviación para lanzar el gas mostaza contra los rebeldes rifeños. ARCHIVO

Huele a ajo o a mostaza, y lo notas en la piel, ojos y pulmones. Deforma como en un cuadro abstracto hecho de ampollas y ulceraciones. Asfixia, quema, causa cáncer. Contamina los manantiales... La iperita es un gas vesicante. Fue testado durante la I Guerra Mundial en Ypres (Bélgica) en 1917, provocando miles de bajas y el estupor de una plaga.

1921. El líder rifeño Abdelkrim el Khattabi se enfrenta a las tropas coloniales españolas, compuestas en su grueso por pobres, enviados a morir en la que será conocida como Guerra de Marruecos o del Rif. Los hijos de los ricos, pagando una cuota, se librarán del infierno, que es seco, montañoso y espinoso como una chumbera.

Los españoles pisan terreno rifeño, en el norte del actual Marruecos, desde 1912. Un minúsculo protectorado entre los dos grandes jugadores del continente africano, franceses y británicos. Con un ejército sobredimensionado, llorando las pérdidas de Cuba y Filipinas, España acepta meterse en esta espiral.

En el Rif se utilizaría por primera vez a la aviación para arrasar municipios poblados por inocentes Abdelkrim se convierte en un enemigo temible. En las fotografías luce mirada felina y rictus de ajedrecista-boxeador. Algunos lo consideran el padre de la guerrilla moderna, y será reivindicado por el Che Guevara y Ho Chi Minh. Había estudiado en Salamanca, y logró unir a las tribus rifeñas, clanes guerreros enfrentados, y mercenarios de la piratería.

La operación de guerrillas se protege con la luna y usa la estrategia de los espectros. Los rifeños lanzan la caballería fugaz, y arremeten con certeros francotiradores, llamados por los españoles pacos.

El Ejército colonial sufre su gran derrota en el valle de Annual. Miles de soldados son pasados por el filo cual corderos en Ramadán. También caen altos mandos. Desastre... El rey Alfonso XIII ladrará contra 'los salvajes'. Los militares invocan "la guerra sin cuartel".

Las armas químicas fueron probadas en la I Guerra Mundial por los programas de Fritz Haber, Nobel de Química 1923. A pesar de estar vetados en los convenios internacionales, como en el Tratado de Versalles, las potencias occidentales usarán los gases contra los pueblos considerados "no civilizados". España se convierte en uno de los primeros en descargarlas contra población civil, según los historiadores Sebastian Balfour y María Rosa de Madariaga.

La iperita fue lanzada mediante la artillería, tal como lo describe Ramón J. Sender en su libro Imán, pero, sobre todo, innovaron usando la aviación contra los zocos y poblados. Construyeron una fábrica de armas llamada La Marañosa, instituto militar aún en activo. El mayor contingente provino de los stocks que conservaba Alemania.

En el Rif se utilizaría por primera vez a la aviación para arrasar municipios poblados por inocentes, años antes de que Guernica obtuviera este título. Ignacio Hidalgo de Cisneros, futuro general de la aviación republicana en la Guerra Civil, describe en sus memorias estas acciones como "canallescas".

1925. Francia, asustada por el efecto mimético de la revolución rifeña, se une a la guerra. En Alhucemas se produce el primer desembarco de tropas moderno. España ha enviado a África a sus militares más reaccionarios, entre los que se encuentra Francisco Franco.

1926. Abdelkrim claudica frente a los franceses. Años después, los militares españoles cruzarían el Estrecho para aplicar en su país los métodos que aprendieron contra los rifeños. Juran que la iperita no volvió a ser utilizada contra "pueblos civilizados".

Las armas químicas fueron probadas en la I Guerra Mundial por los programas de Fritz Haber, Nobel de Química. Su esposa, Clara Immerwahr, también química, consideró estos gases una "perversión". Se cree que se suicidó como protesta. Las usarían ambos frentes, principalmente el cloro y la iperita.