Los 440 alumnos del colegio público Teodoro Llorente tienen serios problemas para escuchar adecuadamente las explicaciones de sus profesores. Según un informe con mediciones sonoras realizado por un ingeniero miembro de la asociación de padres y madres de alumnos (Ampa), todas las clases que dan a la calle Erudito Orellana y al patio superan los 35 decibelios admisibles según las normas de calidad.

Así, en invierno se sobrepasa ese nivel en 14 decibelios al estar las ventanas cerradas. En verano, con las ventanas abiertas, este valor se incrementa hasta los 24. Las fuentes del ruido son el tráfico y la gimnasia en el patio.

El presidente del Ampa ha explicado que «el colegio tiene más de 60 años y en ese tiempo nunca se ha hecho una reforma completa. Por eso, mantiene los ventanales originales, que no son de doble acristalamiento».

Otro problema grave es la falta de plazas del comedor: «Se ha quedado pequeño y hay niños a los que no se puede atender», cuentan. El informe revela también carencias de seguridad en caso de incendio: no hay puertas antipánico (se abren hacia adentro) y no hay salida directa del patio a la calle. La Conselleria estudia, de cara al verano, «cambiar los ventanales, puertas de acceso y mejorar el gimnasio y el salón de actos».

Los peligros del Enric Terrasa

Los padres del colegio Enric Terrasa del Cabanyal también tienen motivos para quejarse. Aseguran que falta seguridad en los accesos al centro, ya que no tienen pasos de cebra regulados, aunque dicen que la Policía Local suele aparecer por los alrededores. Pese a que el Ayuntamiento asegura que ha regulado 57 cruces en los entornos escolares, los padres del Enric Terrasa denuncian que ninguno de ellos se ha creado por su zona. Además, añaden que la parte recientemente pintada de la fachada se ha agrietado y la han parcheado.

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