Macaco
El artista Macaco, durante su visita promocional a Madrid para presentar el disco 'Historias tattooadas'. Jorge París

Está contento. Le acaban de comunicar que su disco Historias tattooadas ha alcanzado el número 1 de iTunes apenas unas horas después de salir al mercado. Un disco en el que Macaco (Barcelona, 1971), a través de quince cortes, relata experiencias que han dejado una marca en su mente, en su corazón o en su piel.  Y donde alterna canciones de amor con sentires colectivos "que no se alían con ninguna bandera", especifica. En lo musical, una amalgama que a él le gusta representar como "un viejito amante del folk al que su nieto le ha enseñado a tocar la pulsión del rock y la rítmica del hip hop". Modernidad cosida de tradición.

¿Qué cuentan de usted los tatuajes que lleva dibujados en la piel?
Intento que cada uno refleje un buen momento de mi vida. Este de aquí, que dice 'Puerto Presente', además de ser el título de uno de mis discos, me recuerda que hay que vivir el aquí y el ahora. Soy aprendiz de vida y el primero que algunas veces me agoto con el análisis de lo que va a ocurrir. Hay que fluir con el momento.

¿Qué otros principios considera imborrables?
La ilusión. Hoy tengo muchas más responsabilidades que hace unos años, trabajo con un equipo grande de gente y todos tenemos que pagar nuestros impuestos. Hay días que paso cuatro y cinco horas enganchado al teléfono coordinando cosas con el manager, perfilando la promo, haciendo entrevistas... Todo ese trabajo tiene que ver con la música pero no es música. Entonces necesito volver a la raíz. La toma de tierra es la canción, lo que me da el subidón.

Las canciones son mi toma de tierra, lo que me da el subidónCon un día a día tan empresarial, ¿ve la vida de la misma manera que cuando era okupa y músico ambulante?
Como entonces, procuro la felicidad, ver el vaso medio lleno en vez de medio vacío. La canción Me fui a ser feliz habla de eso: alguien toca fondo y debe romper con ciertas imposiciones. Alude a esas personas que no encuentran trabajo y deben marcharse fuera para lograrlo. Pero ser feliz implica, además, un cambio de actitud, analizar la situación.

¿Los cambios tienen que venir del interior?
En parte, sí. Hay que evaluar qué es lo que uno necesita y lo que no. Yo también habitúo a hacer ese ejercicio. A veces tropiezo y me caigo, pero vuelvo a levantarme.

Insiste en las entrevistas en que no es panfletario. ¿Le han acusado de serlo?
Insisto en ello porque no lo soy. Lo que quiero decir es que todos somos muchas cosas, ¿por qué a los artistas se nos pinta con un solo color? Cuando eres popular, tu imagen ya no te pertenece, cada uno proyecto sobre ti lo que quiere pero que esa proyección sea real, es otra cosa. A mí me gusta mucho la naturaleza y hago canciones sobre ella, pero son propuestas, no imposiciones de pensamiento. Y aunque me gusta el mar y la montaña, también soy muy urbanita y me encanta la ciudad.

¿Y la imagen de autor reivindicativo?
Entre mis canciones hay algunas que se han convertido en hits de la calle, que la gente ha hecho suyas. Si te fijas en las letras, como en el tema Tengo (tararea unos versos: 'Tengo y lo que tengo lo mantengo a base de amor y fe") , te das cuenta de que no contienen ningún mensaje político; son vitaminas para vivir. Hablo de positivismo y de vaciar la mochila.

Viajo al pasado y a las raíces, pero con las antenas bien puestas

¿Esos son sus dioses?
Mi religión no es monoteísta, personalmente no creo ni en el catolicismo, ni en el Islam ni, por ejemplo, el budismo . En todo caso sería un pica pica de todas. Mi dios es la música y la naturaleza, de donde venimos todos. Si viéramos la Tierra desde lejos veríamos una bolita azul habitada por unos bichitos que a veces discutimos por cosas extrañas. Y me gusta caminar por la línea del medio. La gente está harta de blanco y negro, los extremos son caspa.

Además de cronista de sentires colectivos, su último disco contiene varias canciones de amor. ¿Cada vez le interesan más las batallas de a dos?
En este disco he incluido canciones como Volar o Coincidir que, frente a las otras, ahondan en sentimientos personales. Son canciones de amor pero que tratan de esquivar los tópicos y jugar con la sutileza y el realismo de las relaciones sentimentales, que muchas veces están llenas de contradicciones. Tienen ese toque agridulce, ingredientes dulces y ásperos, como la vida.

También emprende con ellas un viaje musical al pasado.
Me inspiré en melodías clásicas, retro. Es curioso, pero ahora es tan moderno un tío que ha recuperado el folk que otro que pincha electrónica en el festival Sónar. Es un momento superinteresante y bonito porque se está viajando a las raíces pero con las antenas muy conectadas. Puedo ser un artesano de la música, y ahondar en el tres cubano, el cuatro puertorriqueño y la mandola mediterránea, pero trabajar con un iPhone y un ordenador.

¿Qué otros manifestaciones le han inspirado para este disco?
Desde el modo de contar de Leonard Cohen, Joaquín Sabina o Bob Dylan, a la poesía de Neruda y Benedetti. Luego hay temas como Hijos de un mismo dios donde se aprecia el espíritu de los rumberos Gato Pérez o Rubén Blades, que hacían un retrato veloz de pequeñas escenas de la vida. La cuestión es buscar metáforas con más colores.

No viaja sin productos de homeopatía, un tema que está de plena actualidad. ¿Alguna anotación?
Primero me metí en el mundo de las semillas (señala su camiseta, donde aparece este término) y de su aplicación en la alimentación. Me gustan esos mundos. La homeopatía me va muy bien. Funciona al 100%. La atacan porque hay muchos intereses creados. La teoría de que es únicamente un placebo se puede rebatir rápido: se ha probado con plantas y también en esos casos es eficaz.

Biografía

Nació en Barcelona hace 43 años. Fue miembro fundador de Ojos de Brujo. Formó Macaco en 1997. Ha publicado ocho discos, en los que mezcla reggae, rock, rumba, rap... El último se titula 'Historias tattooadas'. Está emparejado con la actriz Kira Mirá, quien participa con un  beatboxing en uno de los temas y a quien dedica la canción Volar.