Exorcismo a la navarra
Miguel Sanz proclama que Navarra «es el bastión de la unidad de España».(J. P. / Archivo)
Como lleva cerca de dos años avisando de que viene el lobo vasco y que Navarra acabará entre las fauces de Euskadi porque Zapatero lo ha pactado así con ETA, los mítines de Miguel Sanz, el presidente de la Comunidad y líder de UPN, se parecen bastante a las soflamas de esos predicadores que anuncian la llegada del anticristo y el fin del mundo. Sanz sube al púlpito, proclama que Navarra es «el bastión de la unidad de España», afirma que en estas elecciones se juega su futuro y apela directamente al árbol genealógico: «No podemos traicionar a nuestros antepasados». Aunque se echa de menos una voz de ultratumba para reforzar el efecto entre el público, hay que reconocer que el discurso está muy logrado.

En Mendavia, un pequeño pueblo que está más cerca de Logroño que de Pamplona y que tiene unos espárragos ‘cojonudos’, valga la marca del fabricante, el medio centenar de personas que presenciaban este pasado domingo el exorcismo no se fueron a la cama tranquilos. Escucharle decir que el proyecto de sus adversarios –que son casi todos– es convertir a Navarra en una provincia más de Euskal Herria, que la comunidad va a ser entregada a plazos a los terroristas y que sólo él y sus aliados del CDN pueden impedirlo, mete el miedo en el cuerpo a cualquiera. La imagen de Sanz contra la bestia es, realmente, espeluznante.

Al propio Sanz no le llega la camisa al cuello, aunque su verdadero miedo sea a perder el cargo. Y es que las endemoniadas encuestas auguran que no obtendrá la mayoría absoluta, ni solo ni en compañía de Juan Cruz Alli (CDN), y que, de producirse un pacto entre socialistas, Nafarroa-Bai e Izquierda Unida, UPN perdería la presidencia de la comunidad y, muy probablemente, el ayuntamiento de la capital. «Las encuestas están mal hechas porque dan una transferencia de votos imposible», dice a este periódico. «¿Un pacto entre nosotros y los socialistas? No lo veo». Debe de tener razón. Si por los socialistas fuera, UPN podría irse despidiendo del poder, o al menos eso dice su candidato, Fernando Puras, que ha reemplazado en los carteles a Carlos Chivite, el líder local del partido, quien, por cierto, a poco que vayan bien las cosas, también se puede ir despidiendo, pero de la secretaría regional. «Que hay cambio en Navarra es seguro; no va a haber un Gobierno UPN-CDN», sostiene Puras, un hombre sin mucho fuelle que, por mor del destino, puede convertirse en presidente de Navarra aunque su partido sea la tercera fuerza de la comunidad foral. Se trata de un cargo gafado para los socialistas, históricamente atraídos por el cobro de comisiones ilegales (Gabriel Urralburu) o por las cuentas secretas en Suiza (Javier Otano). «Qué buen presidente vas a ser, Fernando», le profetizaba en Tudela el ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo. Veremos.

Para ello tendrá que contar con el anticristo, que no es otro que Patxi Zabaleta, el ex dirigente de HB que fundó Aralar y ahora encabeza Nafarroa-Bai, la coalición con la que concurre su formación, PNV, EA, Batzarre e independientes. Zabaleta reconoce a este periódico que ya ha hablado con los socialistas sobre el día después del 27-M: «Tienen dos caras como Jano».

Será por las canas, pero Zabaleta no se parece a Lucifer, y mucho menos la candidata a la Alcaldía de Pamplona, la diputada Uxue Barkos. Él sabe que nunca le dejarán presidir Navarra; ella habla de unas relaciones normales con Euskadi: «Si alguno cree que vamos a llenar Navarra de ikurriñas o que vamos a promover un referéndum –que además se perdería por goleada porque la gente sigue identificando nacionalismo con terrorismo–, es que está loco».