Large Girl With No Eyes, 1981
Óleo de Julian Schnabel © 2014 Julian Schnabel / Artists Rights Society (ARS), New York

¿Tienen algo en común el surrealista francés Francis Picabia (1879-1953), el chico malo del neoexpresionismo estadounidense Julian Schnabel (1951) y el simbolista danés Jens Ferdinand Willumsen (1863-1958)? Los organizadores de la exposición Cafe Dolly —bautizada en honor del primer mamífero clonado, la oveja Dolly—, opinan que los tres artistas, de escuelas, países y épocas diferentes, comparten lo suficiente como para reunirlos en una misma muestra. Sobre todo, dicen, sus obras son, al igual que se dijo de la clonación, una ruptura drástica con la tradición.

La exposición, que estará en cartel hasta el uno de febrero de 2015 en el Museum of Art Fort Lauderdale, de esta ciudad de Florida (EE UU), parte de la base de que existen "sorprendentes conexiones estilísticas y pictóricas" entre los tres creadores, que nunca antes habían sido reunidos en una misma pinacoteca. Las 75 obras que se exhiben en Café Dolly saltan por encima de corsés geográficos y generacionales —hay obras de Willmusen datadas a finales del sigflo XIX y algunas muy recientes de Schnabel—, aseguran desde el museo.

Desafío al gusto y el estilo

La comparación y el contraste entre las obras del trío lleva a comprender que cada uno de los artistas coloca en primer lugar de su intención "desafíar las nociones convencionales de gusto, estilo y categorización", señala Bonnie Clearwater, directora de la pinacoteca estadounidense. Los tres son grandes reutilizadores, tanto de obras encontradas al azar —caso de Schnabel y su bad painting (pintura mala) que aloja elementos del grafiti y la cartelería publicitaria para poner en solfa las convenciones académicas— como de elementos tomados de la historia del arte —Picabia saltó de un género a otro con alegría: fue impresionista, puntillista, abstracto, dadaísta...—.

De Picabia se exponen obras de entre 1926 y 1951, entre ellas algunas piezas especialmente figurativas no demasiado conocidas de un pintor que es idolatrado por su aportación a los movimientos de vanguardia del primer tercio del siglo XX; de Schnabel hay cuadros desde la década de los años ochenta hasta la actualidad y de Willumsen se muestran pinturas simbolistas y visionarias de entre finales del siglo XIX y la década de los veinte.

Desean investigar en la naturaleza misma de la pintura Los contornos claros y colores crudos en combinaciones audaces, junto con el desafío a las tradiciones y la práctica del retrato en épocas dominadas por la abstracción también enlazan a los tres creadores. "No se trata de que rechacen el arte moderno en un momento en que la abstracción es el orden dominante, sino que desean investigar en la naturaleza misma de la pintura", añade Clearwater.

Relegado por 'kitsch'

Quizá el menos conocido de los tres artistas sea el danés Willumsen (1863-1958), una figura polémica con setenta años de práctica ejercicio. Pasó buena parte de su vida en París, formó parte de los llamados artistas rebeldes de su país natal y ha sido relegado a un inmerecido segundo plano en las historias del arte por su estilo tendente a lo kitsch.