The Course of the Empire: the Savage State (1833-1836)
Óleo de Thomas Cole, fundador de la Escuela del Río Hudson New York Historical Society

Ocupados en la pragmática colonización de un territorio enorme y en parte inexplorado, los estadounidenses no se preocuparon demasiado por llevar la naturaleza al arte hasta entrado el siglo XIX. Los primeros creadores en dejarse transportar por las posibilidades plásticas que ofrecía el todavía nuevo país —se había independizado de Europa en 1776 y todavía estaba expandiéndose hacia el oeste, barriendo en el avance con los nativos originales de las tierras en las sangrientas Guerras Indias, que no terminaron hasta 1924— formaron lo que con el tiempo se llamaría la Escuela del Río Hudson, el primer movimiento artístico-cultural vernáculo de los EE UU.

Nature and the American Vision: The Hudson River School (La visión estadounidense de la naturaleza: la Ecscuela del Río Hudson), una exposición que organiza hasta el 7 de junio de 2015 el Los Ángeles Country Museum of Art (LACMA) agrupa una selección que podría tildarse de lo mejor de la producción del grupo de artistas. Se muestran en total 45 óleos que permiten constatar cómo el movimiento extendió socialmente el conocimiento sobre la belleza natural y paisajístuca del naciente país.

Residentes en Nueva York

Aunque la escuela nunca fue un movimiento estructurado o gremial —la atribución del nombre es discuitida por los historiadores, pero se suele considerar que fue usado por primera vez por el influyente crítico Clarence Cook en el New York Tribune—, lo cierto es que se consolidó como una corriente sin que resultase forzado. La mayoría de los pintores vivían en el área de Nueva York y solían ascender por el valle del río Hudson para pintar paisajes del natural o tomar apuntes.

El río Hudson recorre lugares de gran belleza paisajística La corriente fluvial, que fluye de norte a sur por el estado de Nueva York a lo largo de 507 kilómetros, siempre fue una importante ruta de exploración y comercio y, mucho antes de la llegada de los colonizadores europeos, ya era usada como vía de comunicación por varias naciones indias —los iroqueses, mayoritarios en la región, lo llamaban Muh-he-kun-ne-tuk, río que fluye en dos direcciones—. Nace en las montañas Adirondack y también atraviesa el macizo de las Catskills, zonas de bellísimos paisajes.

En un bote y en otoño

Nadie discute que la fundación de la escuela de pintura corresponde a Thomas Cole (1801-184), quien en el otoño de 1925 y a bordo de un un pequeño bote hizo un largo recorrido por el río y sus tierras aledañas durante el cual pintó los tres lienzos fundacionalesThe Falls of the Kaaterskill, Lake with Dead Trees y A View of Fort Putnam—. La interpretación apasionada e idílica del paisaje, la suavidad de la luz otoñal y la pureza virgen de los lugares tuvieron para muchos el carácter del descubrimiento de una arcadia al lado de casa.

Los pintores eran 'luministas': enfatizaban la paz y el reposo La opción de Cole fue con rapidez seguida por otros artistas que se desplazaron para trabajar sobre el terreno, aunque a veces, dado lo difícultoso del viaje y el movimiento, no podían pintar lienzos del natural y se limitaban a esbozar dibujos o acuarelas que luego desarrollaban al óleo en los estudios.

Tras la muerte prematura de Cole a los 47 años, hubo una segunda generación de artistas que siguieron su huella y aplicaron un carácter más luminista a los paisajes, enfatizando, a veces en exceso, los ambientes idealizados de paz y reposo. Destacan entre aquellos creadores destacan el íntimo amigo de Cole Asher Durand, Frederic Edwin Church, John Frederick Kensett y Sanford Robinson Gifford.

Obras destacadas

La exposición del LACMA muestra como piezas destacadas The Course of the Empire (c. 1834–1836), donde Cole se deja llevar por los ideales utópicos y sueña una escena de esplendor helénico como futuro para la nueva nación; Niagara Falls (1818), de Louisa Davis Minot, una de las primeras pintoras en representrar las que serían mundialmante famosas cataratas; Cayambe (1858), de Church, que aplicó los ideales pictóricos de lo sublime de la escuela del Hudson a los paisajes de Ecuador, y Donner Lake from the Summit (1873), de Albert Bierstadt, que expandió el estilo romántico hacia el oeste al ser contratado para pintar los paisajes por los que discurriría el primer trazado ferroviario trasatlántico.