Annabelle
Tras el éxito de 'Expediente Warren (The Conjuring)', retrocedemos unos años antes para asistir a la historia de una muñeca poseída por el mismísimo Diablo. Un caso que incluso fue estudiado en los 70 por especialistas en fenómenos paranormales. Warner Bros.

¿Qué le ocurre al cine de terror con aspiraciones comerciales? Annabelle, el anunciado spin off de la muy digna Expediente Warren (The Conjuring), se ha proyectado este miércoles en el Festival de Sitges. Tiene buen empaque visual, incluso algunos sustos muy bien logrados. Aún así al final, a parte de algunos aplausos de cortesía, lo que más provocó, al menos en el primer pase de la mañana, fueron silbidos.

'Annabelle' se estrena en España este viernes 10 de octubre De acuerdo en que el gran parte del público de Sitges no suele recibir demasiado bien las propuestas descaradamente más comerciales. Pero a priori, Annabelle tenía varios puntos a su favor, entre ellos la premisa siempre resultona e inquietante de tener a una muñeca poseída como siniestra protagonista, además inspirada en hechos reales acontecidos en los setenta. Una versión femenina del famoso Chucky que podía dar su juego.

Esta dirigida por el californiano John R. Leonetti, con poca filmografía detrás destacable como director, pero sí muy curtido como director de fotografía tanto en cine como en series de televisión; elegido para este proyecto por haber sido precisamente el responsable de la fotografía de las películas de James Wan, el director de la citada Expediente Warren, o las dos entregas de Insidious.

Y la fotografía es uno de los puntos fuertes de la película. Impecable, con buena factura. Sin embargo, se le echa de menos una atmósfera más sucia, diabólica o malsana. Tal vez de la atmósfera sobrecogedora se encargaron de añadirla los mismos responsables, o encargados de marketing de la película, al declarar pocos días antes de su estreno que habían acontecido extraños fenómenos paranormales durante su rodaje.

Luego están sus protagonistas, un joven matrimonio norteamericano. Ella una rubia estupenda (Annabelle Wallis) a punto de ser mamá, y su esposo perfecto (Ward Horton), enfrascado en sus estudios y primeras prácticas como médico. Aunque el protagonista casi absoluto recae en ella. Se trata de presentar a una familia modélica norteamericana para que después la amenaza sobre ellos sea más efectiva.

Pocos personajes secundarios, un sacerdote y la propietaria de una librería especializada en temáticas de satanismo y ocultismo, reducidos a meras presencias arquetípicas, con nula chicha. Tampoco ayudan mucho a mejorar la función, avanzando hacia lo simple hasta desembocar en un final demasiado complaciente. Quizá es que se deseaba complacer fácilmente a un gran número de su posible audiencia, olvidándose que los fans más incondicionales del género no son tan fáciles de contentar. Por el camino se van quedando algunos impactantes y efectivos momentos de terror, o el hecho de que sea medianamente entretenida.

De paso, por si va funcionando en taquilla, se deja la puerta abierta de par en par a tantas secuelas como se quieran hacer.

Annabelle se proyectó en Sitges dentro de la Sección Oficial Fantástica Especiales, una nueva sección que incluye largometrajes que, por una razón u otra, quedaron fuera de la Sección Oficial Fantástica a concurso, demasiado saturada ya con nada menos que 38 películas a competición; y en una edición donde los mejores sustos, hasta el momento, los han puesto títulos como Goodnight Mommy, Oculus, The Babadook o incluso el sangriento y desconcertante thriller japonés The World of Kanako.

A nuestras pantallas llega este viernes 10 de octubre.