Plantean hacer obras para remodelar el espacio donde conviven 11 personas con graves trastornos de conducta. Estudian dos opciones: hacerlas en verano, cuando están de vacaciones, o de urgencias. Si eligen la segunda opción, les han dicho que los niños tendrían que estar con sus padres en casa. «No queremos un arreglo, sino un sitio decente y digno, como un piso, y más personal que los atienda. Son niños muy estructurados. Mandarlos a casa no es la solución», se quejan dos madres.