"El fuego fatuo"
Póster para la película de Louis Malle 'El fuego fatuo' (1963) Courtesy: Museum Folkwang/Deutsches Plakat Museum and Hans Hillmann estate

El gran diseñador gráfico Hans Georg Hillmann, fallecido en mayo de 2014 a los 88 años, es uno de esos secretos nacionales que, para desgracia de los no expecialistas, no traspasó las fronteras de su país natal, Alemania. Si en el panorama artístico nacional del siglo XX Hillmann aparece como uno de los más destacados y revolucionarios creadores de cartelería para cine, su figura resulta apenas conocida en el resto de Europa.

Con una obra considerada de tanta importancia para el diseño alemán y continental como lo fue para los EE UU la de Saul Bass (1920-1996), el creador que elevó a categoría de arte los títulos de crédito y los carteles de las películas, Hilmann se ganó la vida como diseñador de revistas y diarios —trabajó para el Frankfurter Allgemeine Zeitung— pero disfrutaba de verdad haciendo pósters de cine, pasión que siempre cultivó sin pensar en obtener beneficios.

Entre 1953 y 1974

Considerado como uno de los grandes referentes del diseño gráfico alemán, la etapa más prolífica de Hillmann abarcó dos décadas. Entre 1953 y 1974 firmó unos 130 carteles para películas, algunos encargados directamente por los directores para la versión alemana de los largometrajes. Una amplia selección se exhibe en la muestra Hans Hillmann: Film Posters, un homenaje póstumo al artista organizado en Londres por la Kemistry Gallery con la colaboración del Folkwang German Poster Museum de Essen.

Para el cartel de 'Los siete samuráis' pintó con acuarelas manchas minimalistasEn la exposición, que se extenderá del 21 de agosto al 27 de septiembre, se podrán ver carteles inolvidables de películas históricas como Los siete samuráis (Akira Kurosawa, 1954) y Pickpocket (Robert Bresson, 1959). Para la primera usó un diseño minimalista con manchas de acuarelas, pintadas por él mismo, y para la segunda una temible mano abierta que emerge de la obscuridad.

El preferido de algunos directores

Era tanto el cariño y el fuego que Hillmann ponía en sus creaciones —que completaba casi siempre personalmente, haciéndose cargo de los dibujos, collages o fotografías necesarios— que algunos directores le consideraban el diseñador que mejor captaba y resumía en un cártel el espíritu de sus películas.

Llegó a ser gran amigo de Godard, para quien ilustró ocho películas La confianza era mútua, porque el alemán empezó a ser cada vez más selectivo y sólo aceptaba los carteles de aquellos directores a los que veneraba: de algunos, como Jean-Luc Godard, se hizo amigo personal y nunca había discusión a la hora de elegir creador para el póster —de los ocho que hizo para el francés es admirable el de Al final de la escapada (1960), con los rasgos de Belmondo escondidos bajo una superficie negra—.

Cada vez más experimental

En la obra del artista se pueden apreciar dos etapas: si en los años cincuenta y principios de los sesenta usó una forma pictórica de la ilustración —por ejemplo en el cartel de La soledad del corredor de fondo (Tony Richardson, 1962)—, en la segunda mitad de su carrera incluyó cada vez más elementos fotográficos y experimentales, con manchas de papeles rasgados y uso de fotomontajes con varias imágenes —Paris nous aparttien (Jacques Rivette, 1961)—, para concluir con un regreso al minimalismo más puro y esencial —es paradigmático el bellísimo y simple cartel para una reedición de El acorazado Potemkim (Sergei M. Eisenstein, 1925)—.

En la exposición de Londres, la primera de la obra de Hillmann en el Reino Unido, se muestran carteles para largometrajes de, entre otros, Ingmar Bergman, Jean Cocteau, Michelangelo Antonioni, Federico Fellini, Luis Buñuel y Alain Resnais. Al tiempo serán proyectadas algunas de las películas en las que intervino el diseñador.