Txano paseaba junto a su dueña el pasado miércoles cuando, de repente, pisó una de las trampillas situadas entre las calles Emilo Baró y Albocácer, en el barrio de Benimaclet, y se electrocutó. Eran las once de la noche y más de una veintena de vecinos salieron a socorrerlo al escuchar sus aullidos.

Laura, la dueña de Txano, lo cogió en brazos y por ello sufrió también una pequeña descarga y un esguince en la muñeca. Pasados unos instantes, trasladaron al perro a una clínica veterinaria para hacerle pruebas y determinar cuál era su estado: Txano estaba en estado de shock y falleció al momento.

Así pues, Laura se personó en las dependencias de la Policía Nacional para poner una denuncia contra el Ayuntamiento de Valencia y se quedó atónita: «Me dijeron si mi perro tenía el chip puesto y en ningún momento pareció importarles lo ocurrido. Además, no nos dejaron poner en la denuncia la lesión que había sufrido yo cuando socorrí a mi perro Txano», afirma Laura. El Ayuntamiento no tenía ayer constancia de este hecho.

Los vecinos de Benimaclet consideran que tener una trampilla que pueda dar descargas eléctricas es un peligro: «Lo que queremos es que venga alguien a hacer algún tipo de investigación, ya que la trampilla sigue en su sitio y cualquiera la puede pisar, incluso un niño». Uno de los actos que va a llevar a cabo Laura, con  la colaboración de los vecinos de Benimaclet, es pedir firmas en el barrio para que el caso no se quede así: «Es el Ayuntamiento el que se tiene que hacer cargo de la anomalía», sostienen los vecinos. Una vez finalice la Semana Santa, no descartan llevar a cabo toda clase de movilizaciones.

El caso de Txano no es único, puesto que el pasado año, en enero de 2006, un perro murió, también electrocutado, en Málaga, cuando pisó una arqueta de la red eléctrica.

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Intentan atrapar el águila perdida

Los técnicos de la Concejalía de Sanidad del Ayuntamiento de Valencia lograron localizar ayer al dueño del águila Harri, que lleva un mes suelta por Valencia. Así, por la tarde, trataron de atraparla en el barrio de Ruzafa, intentando que acudiera al puño de su propietario (vecino de Abastos) y colocando una jaula trampa con un periquito que hacía las veces de cebo. Sin embargo, los intentos fueron en vano, ya que, asediada por las gaviotas, se desplazó hacia la zona de la Ciudad de las Ciencias. Hoy seguirán intentándolo.