'Woman Kneeling', 2014
Óleo del puertorriqueño Luis Borrero, uno de los artistas de 'Voyeur' Courtesy of Lyons Wier Gallery, New York

Inmiscuirse en una escena privada, escuchar una conversación a la que no hemos sido invitados, observar por una mirilla, dejarse llevar por la escena que transcurre en la ventana del edificio de enfrente... Contemplar desde un escondite (siempre con connotaciones sexuales) es la pasión del voyeur, pero el placer de ver sin ser visto es compartido por la mayoría de los seres humanos en un deseo innato por conocer más del comportamiento del otro cuando no estamos presentes.

En Voyeur —en la galería Lyons Wier de Nueva York hasta el 19 de julio— un grupo de artistas actuales examinan en sus creaciones la "innegable emoción" de mirar, una acción que puede provocar, además de interés, sensaciones incómodas en las que desearíamos no haber sido testigos de la escena íntima. La serie de trabajos oscila entre las visiones cariñosas y turbadoras, del evidente encuentro sexual a la estancia vacía de una persona desconocida.

"De alguna manera, todos los artistas son voyeurs", dicen los organizadores. "Tienen la capacidad única de observar el mundo que les rodea y crear ventanas a experiencias de extraños que de otra manera podrían pasar desapercibidas". Para completar el círculo, cada obra es además una manera de indagar en las experiencias privadas del creador, nos convierte en mirones por mirarla.

Muebles viejos, paredes desconchadas, medicamentos...

Dina Brodsky, comisaria de la muestra, es también una de las artistas. Muchas de sus pinturas de habitaciones de muebles viejos, camas deshechas y paredes desconchadas están creadas sobre un singular lienzo redondo que recuerda a la mirilla de una puerta. La pintora Mitra Walter comparte el gusto por crear escenas enmarcadas en un círculo, con la diferencia de que presenta visiones a veces incomprensibles para el espectador, con cierta atmósfera de tensa perversión.

Klausner exhibe los botes de medicinas, siempre ocultas a los visitantesOtros artistas optan por exhibir lo que normalmente se oculta de la vista de los demás. Judith Klausner transforma botes de medicinas, siempre convenientemente escondidas de la vista de los visitantes, en piezas cubiertas de brillantes, listas para ser admiradas.

En un tono más sugerente (revestido de un sentido trágico), Luis Borrero representa a sus personajes en una privacidad doméstica, en posturas espontáneas no necesariamente atractivas para quien las ve. Un paso más allá están las obras de Michelle Doll, que retrata en sus óleos la vida sexual y familiar en planos cerrados de cuerpos unidos, ya sea de amantes o de madres sujetando en brazos o dando de mamar a sus bebés.