Miley Cyrus
La cantante norteamericana Miley Cyrus durante el concierto ofrecido en el Palau Sant Jordi. EFE

La cantante norteamericana Miley Cyrus ha exhibido este viernes en el Palau Sant Jordi de Barcelona en su único concierto en España dentro de la gira europea de su Bangerz Tour todo un alarde de pirotecnia musical que en ocasiones ha eclipsado a la propia música. En el recinto olímpico barcelonés, que lucía un casi lleno en las gradas, pero con sólo la mitad de la pista ocupada, Miley Cyrus ha ofrecido una combinación de pop-rock efectista y el country que mamó en su Tennessee natal, de provocación "pornodisney" lo llaman algunos y de efectos visuales.

Un centenar de seguidores acampaba a las puertas del Olímpico desde hacía una semana para poder captar en primera fila el sudor de su ídolo, otrora chica buena de la Disney como Hannah Montana y hoy superestrella del circo musical, gracias en parte a un calculado sentido de la provocación. Un sonido saturado y un griterío ensordecedor no ayudaron a que la potencia de la voz de la cantante norteamericana sobresaliera con nitidez durante buena parte de las más de dos horas que duró el concierto.

Miley Cyrus es puro espectáculos sobre el escenario y no deja a nadie indiferenteSobre el escenario peluches humanos de tigre, mono, caballo y oso, marionetas gigantes de monstruos a lo Barrio Sésamo y muchos muñecos, quizá lo único que le una a su pasado como estrella televisiva de la Disney. El concierto ha comenzado puntualmente a las 21,30 horas y el grito ha sido unísono cuando ha aparecido en el fondo una fotografía gigante de Miley, de cuya boca ha asomado una lengua-tobogán por el que se ha deslizado la estrella.

Tras las dos primeras canciones, ha emergido desde las profundidades del escenario la banda de músicos, primero de los numerosos efectos que han seguido, con apariciones y desapariciones de la estrella. Comer dinero, refrescar a sus fans con agua lanzada con su propia boca o llevar un vestido de billetes verdes, contonearse exhibiendo sus ingles sobre un coche, colocarse unas gafas con forma de hoja de marihuana, dejar escurrir agua por su canalillo o incluir a una bailarina enana han sido algunas de las excentricidades de la cantante.

Miley Cyrus es puro espectáculo y el efectismo que rodea sus conciertos, además de un constante cambio de vestuario, la coloca en la estela de lo que un día fue Madonna, pero sólo el tiempo dirá quién recogerá el cetro, si será ella, Lady Gaga, Katie Perry, Beyoncé o alguna otra estrella todavía emergente. Todo es gigante en el Bangerz Tour, como el enorme perro de casi 20 metros de altura que luce en escena en Can't be tamed, que concluye con notas de música heavy metal, igual que la balada Drive; o el enorme 'hot dog' que montaba sobrevolando el Sant Jordi mientras enarbolaba la bandera arcoiris del movimiento gay.

No han faltado notas de complicidad de Cyrus con sus seguidores como cuando ha invitado a la gente a que besara al que tuviera al lado si su rostro aparecía en la pantalla del escenario y aquí se han producido todas las combinaciones posibles de sexos.