Científicos que analizan cómo afecta el sueño a la memoria han descubierto que la percepción de un aroma familiar puede ayudar a una mente durmiente a recordar mejor las cosas que aprendió la noche previa.

Un ramo de rosas, colocado bajo la nariz de un puñado de estudiantes mientras estudiaba y, luego, mientras dormía, mejoró su rendimiento en casi un 15% en una prueba de memoria.

El nuevo estudio, que apareció el viernes en la revista Science y cuyas conclusiones resume en un artículo The New York Times, es el primer análisis riguroso de los efectos del olor sobre la memoria humana durante el sueño.

Los investigadores sabían desde hace tiempo que el sueño es crucial para la fijación de recuerdos, y estudios en los años 80 y 90 demostraron que al exponer al cerebro durmiente a impresiones asociadas con el aprendizaje durante el sueño podía mejorar el grado de retención.

Sin embargo, no ha sido hasta hace poco, como señala el diario estadounidense, cuando los científicos han comenzado a saber cómo es esto posible.

En el estudio neurocientíficos de la Universidad de Lübeck y del Centro Médico Universitario Hamburg-Eppendorf hicieron que grupos de estudiantes de medicina memorizaran en que posición se encontraba una pareja de cartas en la pantalla de un ordenador.

Una vez que lo habían memorizado, se les hizo oler un aroma de rosas.

Media hora más tarde se les hizo dormir y se les colocaron electrodos en la cabeza para medir la profundidad del sueño.

Sólo funciona en la fase ligera

Como se cree que el cerebro procesa recuerdos nuevos más rápidamente en la fase profunda del sueño —que suele tener lugar durante los primeros 20 minutos del sueño y que puede durar alrededor de una hora y luego reaparecer durante la noche—, los científicos les hicieron oler el aroma de rosas nuevamente durante esa fase.

Los durmientes no se dieron cuenta, pero sí sus cerebros, que a consecuencia de la impresión reactivaron las conexiones neuronales utilizadas durante la fijación inicial del recuerdo.

Esto hizo que los estudiantes supieran dónde estaba la pareja de cartas en un 97 % de los casos, frente a sólo un 86 % cuando no había rosas de por medio.

El estudio demostró que la mejora no estaba asociada únicamente al olor —no mejoraban los resultados de la prueba cuando olían las rosas justo antes de dormir—, ni tampoco asociada a la práctica.

También confirmó que los impulsos olfativos conducen más directamente al hipocampo, la parte encargada de grabar los recuerdos, que los visuales o auditivos.

Entre otros hechos interesantes, los científicos probaron que no se producía el mismo efecto a la hora de recordar una melodía concreta repiqueteada con los dedos -un recuerdo rítmico que no se consolida en el hipocampo-, ni tampoco si se sometía a los estudiantes al olor durante la fase ligera del sueño (R.E.M), en la que se integran más los recuerdos relacionados con las emociones y no con los hechos.