Minipisos llevados al extremo, pero para inmigrantes. Cada vez son más los extranjeros que se hacinan en espacios de menos de diez metros cuadrados en la Comunitat, y lo hacen en zonas marginales o degradadas.

Según el anuario 2006 del Centro de Estudios para la Integración Social y Formación de Inmigrantes (Ceim), estos nuevos ciudadanos ocupan las viviendas más viejas y cochambrosas, muchas de ellas de no más de 60 metros cuadrados que se suele compartir por muchos.

En concreto, el estudio señala que el 13% de los inmigrantes vive en casas de 60 metros o menos, sobre todo en Alicante, que concentra tres de cada cuatro casos en la Comunitat.

Aparentemente, es aquí donde más hacinados deberían estar, pero no siempre es así. De hecho, hay familias numerosas que habitan casas con más habitaciones, pero viven más apretados porque son más. A veces incluso las alquilan, como en el de la llamada cama caliente (se hacen turnos para dormir).

Otro problema es la aparición de guetos, donde se concentran más extranjeros que en el resto de los barrios. Así, hay cada vez más inmigrantes en zonas alejadas de los casos urbanos, en los entornos de polígonos industriales y en los centros urbanos deteriorados.

El informe denuncia las chabolas junto a invernaderos en el sur de Alicante, sin váter ni electricidad, donde llegar a meterse 15 personas. En Valencia, se concentran sobre todo en casas de los años cincuenta y sesenta, en ocasiones con problemas de aluminosis.

Sus cuatro problemas principales son la escasez de zonas verdes, los ruidos, la falta de limpieza en las calles y la delincuencia de sus lugares de residencia.

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La mayoría alquila o se endeuda

Según los datos del Ceim, la mayor parte de los extranjeros que hay en la Comunitat opta por el alquiler o, si decide comprar, tiene pagos pendientes. En el primer caso se sitúan los inmigrantes de Ecuador, Ucrania, Rumania y Bulgaria, mientras que compran más los peruanos, portugueses y venezolanos. Las diferencias por países y renta son muy significativas, ya que los europeos compran y pagan sin apenas pedir hipotecas, sobre todo los que viven en localidades costeras de Alicante. El precio de la vivienda, según el informe, los empuja a agruparse y afectará al nivel de vida de sus hijos.