En los últimos años, los paleoantropólogos han estado debatiendo sobre el momento exacto en el que los antepasados del mono y del hombre comenzaron a caminar por sendas distintas.

El estudio de los restos fósiles parecía concluir que la separación se había producido hace entre 5 y 7 millones de años, datos que, como señala la revista Science , concuerdan con los estudios moleculares realizados hasta la fecha.

Sin embargo, ahora un estudio viene a contradecir lo que ya era casi unánimemente aceptado.

En un informe publicado en el número de febrero de PLoS Genetics, el investigador danés Asier Hobolth de la Universidad de Carolina del Norte en Raleigh y sus colegas compararon 1,9 millones de pares de bases de ADN en cuatro regiones de los genomas de humanos, chimpacés, gorilas y orangutanes.

Entonces utilizaron el método estadístico conocido como modelo oculto de Markov para identificar patrones en los genomas de humanos y simios.

Utilizaron este método para saber cuanto se parecen los humanos a los chimpancés, gorilas y orangutanes.

También estudiaron las secuencias de genoma que los humanos heredaron de sus últimos antepasados con vínculos con los primates.

Los investigadores pudieron calcular el momento en que cada una de las especies se separó del tronco común.

De esta forma, calcularon que el hombre se separó del chimpancé hace 4,1 millones de años, con una desviación de +/- 400.000 años.

La fecha es extremadamente reciente, como señala la publicación, ya que descartaría los restos fósiles más antiguos encontrados de lo que hasta ahora creía que era el tronco humano, por lo que algunos científicos se han apresurado a señalar que el método estadístico utilizado no es válido para estos menesteres.

Otros, como David Reich, genetista de la Universidad de Harvard, aseguran que a pesar de las fechas el método muestra que la composición genética del último antepasado común del hombre y el chimpancé era más compleja de lo que se creía, y que las cifras validan teorías como las del propio Reich, para quien los antepasados de hombres y chimpancés podrían haber seguido cruzándose entre ellos hasta bastante después de haber emprendido caminos diferentes.