Las cartas de amor de Silvio Berlusconi

  • El ex presidente se retracta públicamente por haber cortejado a otras mujeres.
  • Afirma estar casado con una mujer de carácter fuerte y de la que se siente orgulloso.
Silvio Berlusconi y su mujer ©Korpa
Silvio Berlusconi y su mujer ©Korpa
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Verónica Berlusconi, la mujer del ex presidente del gobierno italiano, Silvio Berlusconi ha pedido a este que se retracte públicamente por haber cortejado a varias mujeres durante la retransmisión televisiva de la gala de los Telegatti, unos importantes premios de la televisión italiana.

En dicho evento, el ex presidente italiano, dirigió a varias de las mujeres presentes frases como "si no estuviera ya casado, me casaría con usted inmediatamente" o "contigo me iría a cualquier parte".

Tras este hecho, el matrimonio ha emprendido una batalla abierta de cartas cruzadas a través del periódico La Repubblica. Además, en declaraciones a este mismo rotativo, Berlusconi ha afirmado haber mandado la carta de disculpa por estar casado con "una mujer de fuerte carácter" de la se siente "orgulloso". Las misivas, reproducidas a continuación, son la comidilla de la sociedad italiana.

Carta de Verónica Berlusconi a La Reppublica:

Distinguido director:

Con dificultad venzo la reserva que ha marcado mi manera de actuar en el curso de 27 años pasados junto a un hombre público, empresario primero y político ilustre después, que es mi marido. He comprendido que mi papel debía circunscribirse primordialmente al ámbito privado, con el fin de llevar serenidad y equilibrio a mi familia. He enfrentado los inevitables contrastes y los momentos más dolorosos que una larga relación conyugal comporta con respeto y discreción. En este momento escribo para explicar mi reacción a las afirmaciones realizadas por mi marido en el transcurso de la cena de gala que siguió a la de entrega de los Telegatti, donde, dirigiéndose a alguna de las señoras presentes, se ha lanzado a realizar consideraciones para mí inaceptables: "...si no estuviera casado, me casaría con usted de inmediato", "contigo iría a donde quieras".

Son afirmaciones que interpreto como injuriosas para mi dignidad, afirmaciones que por la edad, el papel político y social, el contexto familiar (dos hijos de un primer matrimonio y tres del segundo) de la persona de la que vienen, no pueden reducirse a expresiones jocosas. A mi marido y al hombre púbico le pido las públicas excusas, que no he recibido en privado, y aprovecho la ocasión para preguntar si, como el personaje de Catherine Dunne, debo considerarme "la mitad de nada". En el transcurso de la relación con mi marido he elegido no dejar espacio al conflicto conyugal, incluso cuando su comportamiento ha creado las condiciones. Esto por varias razones: por la seriedad y la convicción con la que me he acercado a un proyecto familiar estable, por la conciencia de que, en paralelo a la modificación de algunos equilibrios de pareja que el tiempo provoca, ha crecido la dimensión pública de mi marido, circunstancia que pienso repercute sobre la decisión individual, incluso con la reorganización, necesaria, de los deseos personales. He considerado siempre la consecuencia que mis eventuales tomas de posición hubiesen podido generarle a mi marido en su dimensión extrafamiliar y la influencia que hubiesen podido ejercer sobre mis hijos.

A mi marido y al hombre púbico le pido las públicas excusas, que no he recibido en privado

Esta línea de conducta tiene un único límite, mi dignidad de mujer que debe constituir también un ejemplo para mis propios hijos, distinto en razón de su edad y de su sexo. Hoy, ante mis hijas, ahora adultas, el ejemplo de mujer capaz de proteger la propia dignidad en las relaciones con los hombres asume una importancia particularmente significativa, al menos en cuanto ejemplo de madre capaz de ofrecer amor materno que me dicen que represento para ellos; la defensa de mi dignidad de mujer creo que puede ayudar a mi hijo varón a no olvidarse nunca de colocar entre sus valores fundamentales el respeto por las mujeres, de forma que pueda establecer con ellas relaciones siempre sanas y equilibradas.

Agradeciéndole haberme permitido a través de este espacio expresar mi pensamiento, le saludo cordialmente.

Verónica Berlusconi

Carta de Silvio Berlusconi a La Reppublica:

Querida Verónica, he aquí mis excusas. Era reacio en privado, porque soy jocoso, pero también orgulloso. Desafiado en público, la tentación de ceder es fuerte. Y no la resisto. Llevamos juntos una vida. Tres hijos adorables que has preparado para la vida con el cuidado y el rigor amoroso de la espléndida persona que eres, y que has sido siempre para mí desde el día que nos conocimos y nos enamoramos. Hemos hecho juntos más cosas bonitas de las que estamos dispuestos a reconocer en una época de turbulencias y de fatigas. Pero acabará, y acabará en la dulzura como todas las historias de verdad.

Mis días son de locura, lo sabes. El trabajo, la política, los problemas, los desplazamientos y los exámenes públicos que no acaban nunca, una vida bajo presión constante. La responsabilidad continua hacia los otros y hacia uno mismo, también hacia una esposa que se ama en la comprensión y en la incomprensión, hacia todos los hijos, todo esto abre la puerta a la pequeña irresponsabilidad de un carácter jocoso y autoirónico y con frecuencia irreverente.

tu dignidad, la protejo como un bien precioso en mi corazón

Pero tu dignidad no entra, la protejo como un bien precioso en mi corazón incluso cuando de mi boca surge el diálogo despreocupado, la alusión galante, la bagatela de un momento. Pero proposición de matrimonio, no, creeme, no le he hecho nunca a nadie. Perdóname, por tanto, te ruego, y toma este testimonio público de un orgullo privado que cede a tu cólera como un acto de amor. Uno de tantos. Un gran beso.

Silvio Berlusconi

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