Accesibilidad para todos
Accesibilidad para todos. (J. C. Barberá)

La preocupación por la accesibilidad va ganando terreno, empujada por el ritmo de envejecimiento de la población en nuestro país. Desde hace más de una década, la legislación marca los criterios mínimos para eliminar las barreras arquitectónicas.

En 2003, la ley de accesibilidad incorporó la obligatoriedad de construir "itinerarios practicables para personas con movilidad reducida" en todos los edificios, y no sólo en los públicos, algo que ya se hacía desde el año 1995.

Las promotoras están obligadas ahora a cumplir condiciones como no incluir peldaños aislados, hacer puertas y pasillos con una anchura mínima de 80 centímetros y rampas que no superen el 12% de desnivel.

Adaptar el edificio

Para los inmuebles anteriores a 2003, la ley establece que la comunidad estará obligada a abordar las obras necesarias hasta un coste equivalente a tres mensualidades de gastos comunes, siempre que en el edificio haya algún vecino discapacitado o mayor de 70 años.

Si el presupuesto es mayor, las reformas tendrán que aprobarse en junta por mayoría simple.

La recién aprobada Ley de Dependencia contempla ayudas económicas para las obras que faciliten la accesibilidad, aunque no especifica la cuantía.

Lavabo sin pie y ducha con barra

Unas pequeñas reformas pueden hacer de nuestra casa una vivienda accesible para todos y que, además, facilite la vida a sus habitantes. Se puede cubrir el suelo con materiales antideslizantes para evitar caídas y colocar los interruptores a una altura máxima de 90 centímetros. El lavabo no debe tener pie para facilitar su uso con una silla de ruedas, y la ducha y el inodoro contarán con una barra que sirva de apoyo.