Algunos vecinos se temían lo peor, según relataron ayer. «María África vivía con miedo a que al final pasara lo que ha pasado», comentaba una vecina que conocía a las inquilinas. María África, según contaba la vecina, «tenía que dormir con la llave echada porque tenía miedo a su hija». Hasta el terrible desenlace del domingo,  María África se había convertido en una víctima crónica de su hija. Ésta, según los vecinos, le pegaba y  la había tirado varias veces por la escalera. La parricida le clavó a su madre unas tijeras en el corazón y luego la golpeó hasta matarla.