Jóvenes granjeros, 1926
Foto de August Sander © Photographische Sammlung/SK Stiftung Kultur – August Sander Archiv, Köln, courtesy of FEROZ Galerie, Bonn.

"Sabemos que las personas están formadas por la luz y el aire, por sus rasgos heredados y por sus acciones. A través de su apariencia podemos deducir el trabajo que hace alguien y el que deja de hacer. Podemos leer en su rostro si es feliz o atormentado", escribió el fotógrafo alemán August Sander (1876-1964) para explicar la obra universal de dimensión extraordinaria a la que consagró buena parte de su vida, Antlitz der Zeit (El rostro de nuestro tiempo), también llamada Menschen des 20 (Hombres del siglo XX).

Hijo de un carpintero y él mismo empleado en una mina desde los 13 años, Sander encontró la fotografía por accidente. Haciendo el servicio militar, entre 1897 y 1899, le asignaron la labor de asistente del oficial que se encargaba de hacer fotos. Desde entonces nunca se dedicó a nada distinto que manejar una cámara y revelar negativos. Recorrió Alemania en todas direcciones y se quedó prendado de la fuerza expresiva del rostro de los campesinos de la comarca de Westerwald que retrató en 1910. Entendió que era necesario registrar un compendio sobre la "imagen del hombre contemporáneo" y a ello se dedicó durante los años siguientes.

Diane Arbus, obsesionada con Sander

Una selección amplia de la obra de este gran pionero de la fotografía moderna —su influencia es más que notable, por ejemplo, en  la mítica Diane Arbus, que estaba obsesionada con la obra de Sander— llega a Madrid con la exposición Hombres del siglo XX, organizada por La Fäbrica. La muestra, con 118 copias originales de los retratos, ha sido seleccionada por el bisnieto del fotógrafo, Julian Sander. Estará en cartel hasta el 17 de noviembre.

Importaba más el lugar y el oficio que la clase, la posición o el nivel cultural Las fascinantes fotos de Sander colocan al ser humano dentro de una especie de modelo cíclico social. El fotógrafo, que llevó a término la realización de más de 500 retratos, clasificaba a los modelos en 49 portafolios que rotulaba según una catalogación donde importaba más el lugar en la mundo social que la clase, la posición económica o el nivel cultural. 

Los campesinos, la base de la sociedad

La clase de los campesinos (Der Bauer) representaba para Sander la base de la sociedad. Le seguían el artesano (Der Handwerker), la mujer (Die Frau), los trabajadores cualificados (Die Stände) —en los que adivinaba el primer eslabón de la vida cívica: del abogado al miembro del parlamento, del soldado al banquero—, los intelectuales, artistas, músicos y poetas (Die Künstler) y la gran ciudad (Die Großstadt). El ciclo termina con los locos, gitanos, mendigos, moribundos y muertos (Letzte Menschen).

El fotógrafo ofrece al sujeto el espacio para que se presente él mismo "Lo menos importante que August Sander hizo fue fotografiar. Mucho más importante fue la manera en la que vio y entendió el mundo", señala el bisnieto del autor en referencia a la su unidad formal y estética de la serie. Más allá de clases sociales, edades o condiciones, los retratados son mostrados con la misma dignidad y respeto. "No son retratos de August Sander, son retratos de la gente. El fotógrafo no se muestra en ellos, ofrece al sujeto el espacio para que se presente él mismo, para que se sienta a gusto con la persona que le está retratando", añade Julian Sander.

La presencia constante de las manos

Sin señalar nunca el nombre del retratado, el fotógrafo utiliza los gestos, la indumentaria, el lugar y el lenguaje del cuerpo —sobre todo de las manos, que siempre aparecen en las fotos— para ofrecer "índices controlados e intencionales sobre el origen y la profesión de cada sujeto". Aunque las imágenes fueron tomadas desde finales del siglo XIX hasta después de la II Guerra Mundial, el tiempo histórico parece no ser importante porque Sander deseaba "aislar la esencia del sujeto".

Sander vivió casi olvidado y retirado después de la II Guerra Mundial El gran proyecto nunca pudo ser terminado. Asediado por los nazis, que requisaron parte de sus negativos porque le consideraban un artista contaminado por ideas socializantes —uno de los hijos del fotógrafo fue detenido y murió en la cárcel—, el estudio de Sander fue destruido casi totalmente por un bombardeo de los aliados en el que se perdieron casi 40.000 negativos. Tras la guerra, el mejor fotógrafo alemán de su tiempo vivió prácticamente olvidado y en precarias condiciones económicas hasta su muerte. Sólo fue redescubierto cuando su hijo restauró los originales que se salvaron.