Rocío pide ayuda para alimentar a sus hijos
Rocío cuenta las dificultades que tiene para alimentar a sus hijos, mientras ellos juegan en la terraza. JORGE PARÍS

"Algunos alumnos llegan al colegio sin haber desayunado por las mañanas", alerta un profesor de un centro escolar de Alcorcón. "Se han detectado casos puntuales de déficit en la alimentación", reconoce la directora de Familia e Infancia del Ayuntamiento de la capital, Esperanza García. "Ahora hay más gente llamando a nuestra puerta. Vemos casos de niños que se alimentan solo con arroz o viven hacinados con otras familias. Incluso, muchos de ellos eran personas que nunca habían necesitado ayuda", asegura José Ignacio Santás, vocal del Colegio de Trabajadores Sociales de Madrid.

Hay niños que solo se alimentan con arroz o viven hacinados con otras familiasTodos ellos son testigos de la incidencia de la crisis sobre los niños en Madrid. De hecho, cada vez más familias se ven obligadas a acudir a entidades sociales o a solicitar ayudas públicas para alimentar y vestir a sus hijos, según advierten trabajadores sociales, asociaciones de ayuda a la infancia y representantes de la comunidad educativa (padres y profesores).

Cáritas ha atendido este verano a un 30% más de niños madrileños que el año pasado en sus recursos sociales y campamentos, según Pilar Algarate, portavoz de la entidad benéfica. "Allí se les da el desayuno, la comida y la merienda. Los padres los traen principalmente para que puedan estar alimentados, durante el tiempo que han cerrado los colegios. Pero también acuden cada vez más a nuestros recursos en busca de ropa, pañales, artículos de higiene como cepillos de dientes o champú, y ayudas para el material escolar", explica Algarate. El 81% de las familias que acuden a Cáritas tienen hijos y el 60% de ellos carecen de las necesidades más básicas. Por su parte, la Federación Injucam (que engloba a 44 asociaciones de promoción y ayuda a la infancia por toda la región) atiende actualmente a "cerca de 5.000 chavales en la comunidad y su número va en aumento: antes de la crisis, trabajábamos con cerca de 3.000 niños", explica José Ramón García-Albertos, representante de esta federación.

Un 18,9% de niños madrileños, en riesgo de pobreza

El informe de Unicef La Infancia en España 2012-2013 eleva hasta el 18,9% el porcentaje de menores madrileños que están en riesgo de pobreza. Es decir, sus familias viven con menos del 60% de los ingresos medios de los hogares de la región (menos de 15.455 euros anuales para una familia de dos adultos y dos niños). Las dificultades económicas de los padres están obligándoles a reducir las necesidades más básicas de sus hijos: menos comida o alimentos de menor valor nutricional, menos prendas de vestir, reducción del gasto en material escolar y pérdida de la vivienda como consecuencia de desahucios. "La alimentación es lo último que se toca. Cuando un padre llega al punto de poner todos los días macarrones en la mesa ya ha tenido que dejar muchas cosas por el camino, como reducir el gasto en ropa, compartir vivienda o vender todos sus bienes", apunta Santás.

El 58% de los perceptores de la Renta Mínima de Inserción tienen hijosAdemás, gran parte de los padres que piden comida o ropa proceden de la clase media. "Hay que olvidarse del perfil clásico del pobre. A los servicios sociales municipales ya nos llegan familias normalizadas, gente que tenía su trabajo e incluso formación cualificada, personas que han agotado todas las prestaciones posibles y solo les queda la ayuda de emergencia para sus hijos", explica el trabajador social Santás.

Las familias con menores también acuden en busca de ayudas a las administraciones públicas. Durante 2012, 13.923 familias con niños solicitaron cobrar la Renta Mínima de Inserción (RMI), la ayuda económica que presta la Comunidad a las personas con escasos ingresos. La petición de esta paga por parte de padres con hijos va a más: el número de solicitantes aumentó un 10,7% respecto a 2011, según datos facilitados por la Consejería de Asuntos Sociales. De hecho, el 58% de los perceptores ya son núcleos familiares con niños.

Piden con urgencia comida, ropa o dinero para el alquiler

También el Ayuntamiento de la capital dispone de ayudas de emergencia para cubrir necesidades básicas: en 2012 se dieron 1.057 prestaciones de este tipo, que consiste en aportaciones económicas para gastos de urgencia, como la comida de la semana, ropa para el cambio de estación o dinero para pagar el alquiler. Sin embargo, los trabajadores sociales creen que esa cantidad es insuficiente "y en 2013 habrá que duplicarlas, como mínimo".

Además de estas ayudas, el Consistorio madrileño defiende la existencia de "mecanismos para que los centros escolares detecten casos de malnutrición y se subsanen". Por su parte, la Consejería de Asuntos Sociales resalta "el esfuerzo de la Comunidad por atender a las familias con menores en situaciones desfavorecidas a través de la RMI". En cambio, los trabajadores sociales creen que los poderes públicos podrían hacer más para luchar contra la pobreza infantil: "Deben conceder las ayudas a quien lo necesite de manera inmediata y no dejar su atención en manos de entidades benéficas", exige Santás.

Rocío, 46 años, acude a un comedor social: "Siento rabia por no poder dar a mis hijos lo que necesitan"

Rocío vivía una situación relativamente acomodada con sus tres hijos (de 5, 8 y 21 años). Pero perdió el trabajo, tuvo que abandonar la casa donde vivían y empezó a tener problemas para dar de comer y vestir a sus niños. Cuando se le agotaron los ahorros no tuvo más remedio que pedir ayuda. "Desde abril voy al comedor de Mensajeros de la Paz en El Pozo, que está especializado en atender a familias. Allí nos dan una comida diaria y tienen un ropero para coger las prendas que necesitamos. Muchos días nos guardamos un poco de la comida o una pieza de fruta para poder desayunar al día siguiente. Sin esa ayuda mis niños no podrían sobrevivir. Menos mal que todavía hay gente buena", explica esta madre.

En agosto hemos estado a base de arroz con tomate todos los díasEn agosto el comedor no ha abierto, por lo que han tenido que alimentarse con lo poco que tenían. "Hemos estado a base de arroz con tomate, lo más barato. Todos los días lo mismo. Al principio los niños se quejaban, pero ya son conscientes de que no podemos permitirnos gastar mucho. Ellos son los que más esfuerzo hacen... a veces siento rabia e impotencia por no poder dar a mis hijos lo que necesitan", se lamenta Rocío. Ahora que se acerca el inicio de curso, su quebradero de cabeza es el material escolar y la ropa de invierno: "Estoy mirando con el asistente social si me pueden prestar libros y algo de abrigo. Ese gasto me tiene agobiada".

"Estoy limpiando una casa y mi hija mayor cuida a un niño: ganamos poco más de 400 euros al mes. Me acaban de conceder la RMI, de unos 300 euros y con eso puedo ir pagando el alquiler. Me he dado cuenta de que hay que tragarse el orgullo y pedir ayuda por mis hijos. Esto no es ninguna vergüenza", asegura la mujer. Pese a los problemas tiene esperanzas de remontar: "Ya he llorado mucho. Ahora hay que afrontar la vida con una sonrisa, porque de la tristeza no se saca nada".

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