Juan María Franco
Juan María, en el campamento que ha instalado a los pies de la estatua ecuestre de la Plaza Mayor de Madrid. JORGE PARÍS

Nervioso, con barba desaliñada, principio de diarrea y parapetado bajo dos sombrillas para evitar el calor de julio, que pone el asfalto de la Plaza Mayor a más de 50 grados. Así permanece, en huelga de hambre a los pies de la estatua ecuestre de Felipe III, el hostelero Juan María Franco. "Y me voy a quedar aquí hasta las últimas consecuencias", promete.

Juan María es el propietario del Café del Mono, un conocido pub de La Latina (Madrid capital) que ha sido el punto de encuentro de músicos, pintores, fotógrafos y conversadores desde finales de los 80. Hoy, el local está cerrado porque el Ayuntamiento de Madrid reclama a su dueño hasta 93.000 euros en multas, un dinero que no puede ni se plantea abonar: "Quieren que pague por un fallo de ellos y no pienso hacerlo".

El enredo que Juan María denuncia —y que adelantó el diario Aquí Tetuán— se debe a la licencia de su establecimiento. Aunque siempre ha sido un pub, el Mono abrió en 1988 con permiso de bar. En el año 2000, cuando el local ya estaba insonorizado y acondicionado para pequeños conciertos y exposiciones, la Junta Municipal de Centro se lo quiso cerrar por tener un equipo de sonido no contemplado en la autorización. "El ingeniero que hizo el proyecto original me dijo que no había problema", detalla.

La concejala de Centro le prometió la licencia si cumplía los requisitosSolo una primera huelga de hambre logró detener el cierre. La concejala responsable del distrito en ese momento, María Antonia Sánchez, le prometió que los servicios municipales examinarían el Mono en un plazo de tres meses y le otorgarían los papeles. Esa visita nunca se produjo. A finales de año, Juan María solicitó adaptarse al nuevo catálogo de hostelería del Consistorio como "bar especial con actuaciones". Tampoco hubo respuesta.

Las nuevas noticias de la Administración no llegaron hasta 2003, cuando Juan María recibió la autorización del cambio de titularidad del local, que hasta entonces era de su hermano. En el documento municipal ya figuraba la denominación de bar-pub, por lo que creyó todo arreglado.

Desde ese momento, el Mono no tuvo ningún problema. Durante 10 años superó las inspecciones de la Policía Municipal y los técnicos municipales sin dificultades: "Han venido unas 25 veces y nunca ha habido problemas, hasta este año".

Llegan las sanciones

El pasado 28 de abril Juan María recogió un certificado en Correos en el que la Junta de Centro, con un año y medio de retraso, desestimaba sus alegaciones a una inspección de octubre de 2011. Se le imponía por ello una sanción de 30.000 euros por no tener licencia para bar de copas. El 29 de abril recibió otros dos avisos a causa de otra inspección de febrero de 2013. En este caso, la multa se dobla hasta los 60.000 euros por supuesta reincidencia. Además, le sumaban otros 3.000 euros por tener abierto el local fuera del horario de bar.

El Mono nunca ha tenido la licencia en regla, según el Ayuntamiento"No es hasta que pido una copia del expediente cuando me doy cuenta de lo que ha pasado: a la notificación de cambio de titularidad de 2003 le añadieron después una subsanación de errores diciendo que no era un bar-pub, sino un bar a secas. Nunca me lo notificaron", relata Juan. Desde 2003, por lo tanto, y según el Ayuntamiento, el Café del Mono ha abierto, ha pagado impuestos y ha superado las inspecciones pese a estar en situación ilegal.

Juan María no tiene los 93.000 euros que le reclama la Administración. Por eso, y ante los oídos sordos del Consistorio, decidió cerrar y ponerse de nuevo en huelga de hambre. Este martes cumplió 16 días a base de líquidos. Su familia no ha logrado quitarle la idea de la cabeza. Su madre ni siquiera sabe lo que está haciendo. "Venimos a verle y a comprobar que está bien. Su médico le hace chequeos. Nos preocupa porque se está jugando su salud y su vida, pero le apoyo. No puedo hacer otra cosa", se resigna Merche, su pareja.

El Consistorio alega que la cuestión está en trámites en la Agencia de Gestión de Licencias de Actividades, pero tampoco le ofrece una solución alternativa. Mientras, Juan María permanece acampado. Unos días débil y otros con fuerzas renovadas. "Quiero que me vean bien por las cámaras de seguridad esas que tienen en la plaza. Puedo estar aquí 15 días, un mes o lo que haga falta", se anima a sí mismo mientras coloca la sombrilla para evitar el sol.

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