Portada de 'Corazón rebelde'
Portada de la novela 'Corazón rebelde' Casa del lector

Atractiva posibilidad la que brinda la muestra Hoy es ayer de conocer cómo la sociedad española se hizo masivamente lectora. La Literatura Popular jugó un papel fundamental en la expansión de la lectura a todos los ámbitos  y precisamente eso recoge esta exposición fundamentada en la colección Eguidazu de Literatura.

De las más de 40.000 piezas que posee su dueño, Fernando Eguizadu, 400 son las  que pueden verse en su lugar de exhibición, la madrileña Casa del Lector. Novelas que muestran y recorren buena parte de nuestra historia, y en ella, están muchos de los sesgos sociales y prejuicios que aún se mantienen hoy.

La selección abarca desde 1850 hasta el año 2000, y basta echar un vistazo para apreciar sexismo, racismo y marginación de lo diferente.

Hola cantidad, adiós calidad

Fundamental esta literatura en cuanto al fomento de la lectura, no es sin embargo la calidad su sello. Se salva, eso sí, José Mallorquí creador de El Coyote, pero una década después de sus comienzos, los títulos de este género dejan de tener calidad.

"Antes de la Guerra Civil la mayoría de folletines no iban siquiera firmados debido a su mala calidad", cuenta Eguidazu a 20 Minutos. "En la posguerra se empezaron a emplear seudónimos extranjeros y es cuando el género toma importancia".

"Antes de la Guerra Civil la mayoría de los folletines no iban firmados debido a su mala calidad"Lo que de verdad importaba entonces eran las colecciones y las editoriales,  la novela popular no dejaba de ser un producto comercial. "Se consumía como si fuera un donut", señala el comisario.

"Aunque hay que recordar que en los cuarenta hubo creatividad con Mallorquí". De su nacimiento se cumplen cien años, por lo que la exposición le dedica un espacio monográfico. Objetos personales como su máquina de escribir, su pipa y algunos manuscritos pueden verse en la sección dedicada al autor de El Coyote.

Tras el destacable Mallorquí, llegaron los libros como productos comerciales con historias previsibles y finales felices, donde los malos son muy malos, los buenos muy buenos, el héroe muy valiente y apuesto, y la mujer, muy guapa y necesitada de protección. Ya fueran del Oeste, románticas, negras, de ciencia-ficción... los clichés eran siempre los mismos.

"La extensión era siempre la misma: 120 páginas, y si el autor se pasaba, la editorial le mandaba cortarlo", apunta Eguidazu. Y señala los temas de los que nunca se hablaba en estas obras: sexo, política y crítica social.

Rememora este coleccionista la época en la que se cambiaban estos libros en puestos callejeros: "Eran tan parecidos los libros que cuando alquilabas uno le hacías una marca para no volver a alquilarlo unos meses después".

Sin temor califica a los que se convirtieron en los reyes del género: "González-Ledesma o Corín Tellado, por ejemplo, eran malísimos, pero dieron con lo que la gente quería. Y hoy pasa algo parecido. Digamos que era el equivalente a lo que hoy podemos llamar literatura de aeropuerto".

Los libros más populares de finales del XIX y primera mitad del XX editados por las editoriales más importantes están presentes en la muestra, de modo que el visitante se paseará entre las creaciones de Mallorquí, Corín Tellado, Carmen de Izaca o Marcial Lafuente Estefanía, que eran los equivalentes a nuestros superventas actuales y su evidente germen.