Marcelo celebra un gol de la selección de Brasil en la Copa Confederaciones 2013
Marcelo celebra un gol de la selección de Brasil en la Copa Confederaciones 2013. FERNANDO BIZERRA JR. / EFE

Los jugadores de la selección brasileña que disputa la Copa Confederaciones se solidarizaron este martes con las multitudinarias protestas que hubo el pasado lunes en las principales ciudades del país.

David Luiz consideró que es "natural" que el pueblo proteste en la calle y se mostró a favor de las "manifestaciones pacíficas" que contribuyan a que mejore el país.

Nos preocupamos porque tenemos corazón y somos brasileños

"Las personas tienen derecho a expresar sus opiniones y a manifestarse si no están felices, sólo de esta manera vamos a llegar a ver los errores y mejorar. Brasil tiene todo para crecer y ser un país mejor", dijo el defensa en una rueda de prensa.

El jugador del Chelsea consideró que Brasil "tiene todas las condiciones" para "igualarse" a los países desarrollados en cuestiones como educación, salud y reducción de la violencia.

Sin embargo, David Luiz consideró que las protestas no van a afectar a la selección brasileña ni restarle atención a la Copa Confederaciones.

"A nivel profesional no desconcentra a la selección. Sabemos de nuestra responsabilidad, sabemos lo que tenemos que hacer, nos preocupamos porque tenemos corazón y somos brasileños", comentó.

Hulk también apoyó las manifestaciones, que congregaron a cerca de 250.000 -según cifras oficiales- personas en una veintena de ciudades, y argumentó que "Brasil puede mejorar".

"Yo, por venir de abajo -hoy gracias a Dios estoy en una posición buena-, me toca un poco. Las manifestaciones tienen total razón, lo que piden (los manifestantes) tiene sentido, tenemos que escucharles. Brasil puede mejorar en muchas cosas. Lo sentimos porque sabemos que es verdad", afirmó.

El delantero Fred también secundó las protestas con mensajes en varias redes sociales, a través de los que dijo tener "orgullo" del pueblo que está luchando para cambiar las condiciones del transporte, sanidad, educación "y tantos otros problemas".

"No podría ser diferente, si no, estaría en contra de mi origen humilde, al final yo y mi familia también sufrimos mucho con la precariedad de los servicios públicos", dijo Fred.

El jugador del Fluminense recalcó que su mayor preocupación es que la protesta sea "legítima, sin violencia, siempre centrada en la lucha por los derechos sin perder la razón".

"Brasil no debería organizar el mundial"

El mundialista brasileño Rivaldo se unió al coro de protestas de su país al afirmar que Brasil "no tiene condiciones" de organizar un Mundial de fútbol y que en cambio debería centrarse en mejorar la sanidad y la educación.

Es una vergüenza estar gastando tanto dinero para este Mundial y dejar los hospitales y escuelas en condiciones precarias

Rivaldo, aún en activo a los 41 años, afirmó que "es una vergüenza estar gastando tanto dinero para este Mundial y dejar los hospitales y escuelas en condiciones precarias", dijo Rivaldo en su cuenta de Twitter.

"Necesitaba desahogarme, pues ya fui pobre y sentí en la piel la dificultad de estudiar en una escuela pública y no tener un buen servicio de salud", agregó el exjugador del Barcelona y del Deportivo de La Coruña.

Varios ayuntamientos ceden a las protestas

Las autoridades de por lo menos seis ciudades brasileñas anunciaron este lunes la reducción de las tarifas de transporte público.

El alcalde de Sao Paulo, que inicialmente había manifestado la imposibilidad de reducir los pasajes en la mayor ciudad de Brasil, aseguró posteriormente que revisará las cifras para buscar alternativas.

Los manifestantes han anunciado nuevas movilizaciones para esta semana, incluida una para el jueves en Río de Janeiro, donde este lunes la protesta reunió 100.000 personas, según cifras oficiales.

Las protestas comenzaron la semana pasada en Sao Paulo contra la subida de las tarifas de transporte público, que revelaron un descontento social mucho más amplio.

Las reivindicaciones ahora incluyen mayores inversiones en la salud y la educación pública, y críticas a la corrupción, a la represión policial y a los elevados gastos del Gobierno para organizar eventos como el Mundial de fútbol de 2014.

Cincuenta mil personas de nuevo en las calles

Cincuenta mil personas volvieron este martes a la calles de Sao Paulo y de las inmediaciones de Río de Janeiro.

Un pequeño grupo de manifestantes atacó, como el lunes, la alcaldía de Sao Paulo y obligó a la guardia municipal a refugiarse dentro del edificio. Posteriormente lanzó vallas y objetos contra las ventanas, provocando la ruptura de varios cristales, y pintó grafitis en las paredes.

Sin embargo, poco después otro grupo de manifestantes restableció las vallas frente al ayuntamiento e hizo un cordón humano para evitar los actos violentos contra el edificio, mientras gritaba "sin violencia".

En las movilizaciones participaron 50.000 personas, según el Instituto Datafolha, después de que el lunes unas 65.000 se manifestaron en la ciudad, según cifras oficiales,  aunque los manifestantes aseguran que al menos marcharon 100.000 personas.

Los participantes ocuparon la céntrica Praça da Sé, frente a la Catedral de Sao Paulo, y algunas de las vías adyacentes, abucheando a personas que llevaban banderas de partidos, en un intento de mantener la movilización sin una adscripción política. A continuación avanzaron hasta el Ayuntamiento, cercano a la plaza.

Los manifestantes quemaron un muñeco que por un lado tenía la cara del alcalde de Sao Paulo, Fernando Haddad, correligionario de la presidenta Dilma Rousseff en el Partido de los Trabajadores (PT), y por el otro la cara del gobernador del estado, Geraldo Alckmin, dirigente del opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB).

Es la sexta concentración en Sao Paulo desde que a principios de mes el Ayuntamiento subió el precio del transporte público de 3 reales (unos 1,5 dólares o 1,12 euros) a 3,2 reales (unos 1,6 dólares o 1,19 euros), lo que inició el movimiento.

La de este lunes fue  la mayor movilización desde que en 1992 una multitud pidió la destitución por un escándalo de corrupción del entonces presidente, Fernando Collor de Mello, que acabó dimitiendo.