Pinochet fue incinerado hacia la medianoche del martes, tras un masivo funeral en que algunos de sus familiares desearon que su fallecimiento calme 'pasiones' en un país dividido sobre las violaciones a los derechos humanos cometidas bajo su dictadura, entre 1973 y 1990.

'Yo creo que simboliza la partida de un referente de un clima en el país de divisiones, de odio, de violencia', dijo la presidenta Michelle Bachelet en su primera declaración directa sobre la muerte del ex dictador, a los 91 años de edad.

Bajo la dictadura, unas 3.000 personas murieron o fueron 'desaparecidas' y otras 28.000 sufrieron torturas, incluida la presidenta y su madre.

Según las autoridades, tras la muerte de Pinochet y hasta la mañana del miércoles se realizaron 65 manifestaciones en todo el país y hubo 145 detenidos, además de 65 policías y civiles heridos.

Los restos del ex dictador chileno fueron incinerados el martes por la noche en la localidad costera de Concón, y luego la urna fue trasladada a la casa de veraneo de la familia Pinochet en la zona costera de Los Boldos, unos 130 kilómetros al suroeste de Santiago.

'FALTA GRAVÍSIMA'

La misa y el funeral celebrados el martes por la mañana en la Escuela Militar de Santiago contó con la presencia de miles de simpatizantes, muchos de los cuales abuchearon a la ministra de Defensa, Vivianne Blanlot, por la negativa del Gobierno de centroizquierda a decretar un duelo oficial.

En la ceremonia, la familia de Pinochet criticó a la prensa extranjera por haber descrito al militar como el líder de la dictadura que gobernó con mano dura.

Además, el Gobierno reaccionó con furia por un discurso de uno de los nietos de Pinochet, el capitán Augusto Pinochet Molina, quien aplaudió que el ex dictador hubiera 'liberado' al país del marxismo con el golpe militar con que derrocó a Allende el 11 de septiembre de 1973.

'Un oficial saltándose la línea de mando, sin autorización para hablar, irrumpió expresando opiniones políticas en contra de un poder del Estado y de sectores de la sociedad civil. Esto constituye una falta gravísima. Estamos seguros que el Ejército sabrá hacer lo que corresponda', aseguró Bachelet.

Unas 60.000 personas pasaron frente al ataúd de Pinochet durante el velatorio desde el lunes hasta la mañana del martes.

De forma simultánea a la misa fúnebre, unos 2.000 detractores homenajearon el martes al derrocado ex presidente socialista Salvador Allende junto a su estatua frente al palacio presidencial de La Moneda.

'¡El tirano murió! ¡Allende vive!' y 'Justicia nada más, pero nada menos', se leía en pancartas de los seguidores de Allende.

'Tengo sentimientos encontrados. Por una parte alegría y por otra tristeza de que (Pinochet) no haya sido juzgado y que no haya ido a la cárcel', dijo a Reuters Carmen Paz Allende, hija del ex presidente chileno.

/Por Antonio de la Jara/.*.