Papa
Benedicto XVI, el sábado en Roma (D.Pignatelli/Reuters) Dario Pignatelli / Reuters

El papa Benedicto XVI denunció la "nueva tendencia" laicista, que tiende a excluir los símbolos religiosos de los lugares públicos, en el discurso realizado el sábado a los participantes en el 56 Congreso de los Juristas católicos.

"No es laicidad, sino una degeneración en laicismo, la hostilidad ante cualquier forma de relevancia política y cultural de la religión y a la presencia, en particular, de cualquier símbolo religioso en las instituciones públicas", dijo el Papa.

Estos valores, antes de ser cristianos son humanos, y por tanto no pueden dejar indiferentes a la Iglesia

Benedicto XVI explicó que no es una "sana laicidad" la que excluye "los símbolos religiosos de lugares públicos como oficinas, escuelas, tribunales, hospitales, cárceles, etc"

Asimismo, criticó la actual interpretación de laicidad, que "expresa una total división entre Iglesia y Estado, sin que ésta última pueda intervenir en temas relativos al comportamiento de los ciudadanos".

Y sin embargo, denuncio el Papa, "esta tendencia parece haberse convertido en un emblema de la post modernidad y de la moderna democracia".

Para el Papa, la "sana laicidad" comporta que el Estado no considere la religión como un simple sentimiento individual, limitado al ámbito privado, sino que la Iglesia tiene que ser "reconocida como una presencia comunitaria pública".

Y para ello, el Estado, explicó Benedicto XVI, tiene que garantizar el libre ejercicio de la actividad de culto de los creyentes.

Por otra parte, según el Pontífice, la Iglesia "tiene el derecho de pronunciarse sobre los problemas morales sobre los que hoy se preguntan los seres humanos, y especialmente los legisladores y juristas".

Benedicto XVI afirmó que la Iglesia "no debe indicar cual partido político elegir" porque sería una "injerencia" pero si que puede intervenir "en la defensa de los grandes valores que dan sentido a la vida de la persona y salvaguardan su dignidad".

"Estos valores, antes de ser cristianos son humanos, y por tanto no pueden dejar indiferentes y en silencio a la Iglesia, que tiene que proclamar con firmeza la verdad sobre el hombre y su destino", añadió el Pontífice.