'Venice – The Esclavons Quay, Customs House and the Salute'
Venecia vista por Eugène Boudin en un óleo de 1895. Eugène Boudin - Quebec, National Museum of Fine Arts of Quebec - © MNBAQ, photo : Patrick Altman

Conocido como "el rey de los cielos" por sus cautivadores paisajes marítimos, Eugène Boudin (1824-1898) fue uno de los primeros artistas franceses en llevar su caballete fuera del estudio para captar los efectos de la atmósfera en el paisaje. "Tres pinceladas al aire libre, en la naturaleza, son mejores que dos días de trabajo en el caballete", escribió en uno de sus cuadernos de apuntes.

El pintor nacido en Honfleur (en la región francesa de la Baja Normandía) inició una visión renovada de la naturaleza que anticipaba la sensibilidad impresionista. Su gran amigo, Claude Monet (16 años más joven), al que Boudin convenció para que pasara de la caricatura al paisajismo, escribió al final de su vida una frase que resume la importancia del autor en el maestro impresionista: "Se lo debo todo a Boudin".

El museo Jacquemart-André de París expone hasta el 22 de julio Eugène Boudin, la primera retrospectiva parisina del autor desde finales del siglo XIX. La muestra reúne para la ocasión trabajos de colecciones francesas, inglesas, españolas, canadienses, mexicanas y estadounidenses. Más de la mitad de las cerca de 60 obras —entre pinturas, acuarelas y dibujos— no han sido expuestas en Francia desde la muerte de Boudin.

Cuando bañarse en la playa se puso de moda

Dueño y dependiente de una tienda de artículos de escritorio y sin formación académica, desarrolló su técnica haciéndo copias de los maestros flamencos y venecianos, sin más entrenamiento artístico que el empeño. En lugar de capturar el paisaje detenido en el tiempo, desde el principio de su carrera persiguió efectos de luz pasajeros que dieran una sensación dinámica y efímera al conjunto.
 
Los tonos pasajeros de la luz daban una sensación dinámica y efímera al conjuntoEmpezó experimentando con escenas variadas hasta que encontró en las playas el espíritu que tanto ansiaba retratar. Boudine fue testigo con sus primeras obras costeras de la expansión de la localidad de Deauville (baja Normandía), que entre 1860 y 1864 se convirtió en el "reino de la elegancia", popularizado por el mediohermano de Napoleón III (el Duque de Morny) con la construcción de balnearios, un casino, un hipódromo y villas de aristócratas. El pintor captaba en minúsculas figuras la actitud relajada y lúdica de los visitantes, la distinción de los atuendos urbanitas y el clima benévolo del que disfrutaban: los cuadros se convirtieron en testimonios tempranos del momento histórico en el que bañarse en el mar se puso de moda entre las clases altas.

Un investigador del paisaje

Dejó de lado las playas aconsejado por uno de sus marchantes, buscando un reconocimiento que se le resistía por lo innovador de sus trazos con pinturas al pastel y óleo, que desdibujaban los motivos para acercarse a la textura imprecisa del arenal, las nubes y el mar. Comenzó a producir paisajes marítimos y cautivó a los compradores de arte. Viajó por Francia, Bélgica y Holanda para buscar variaciones en la luz y en el agua, consiguió plasmar infinitos matices en los cielos siempre del natural, a pesar del mal tiempo o de los problemas de salud.  Volvió a Normandía periódicamente, a lugares como Trouville que le permitían introducir en sus paisajes la cotidianeidad de los mercados, los pescadores y las lavanderas.

Monet aplicó la técnica de Boudin en las pinturas de la Catedral de RouenNo dejó nunca de buscar el matiz y a partir de 1870 se convirtió en un investigador del paisaje, detectando cambios según el momento del día, la estación del año o las mareas. Se aficionó a crear series de trabajos en torno a los matices, un acercamiento revolucionario que aplicó Monet para su famosa colección de pinturas de la Catedral de Rouen (1892-1894).

En los últimos años de vida retrató los cielos de sus lugares favoritos en una serie de viajes que realizó con premura, presintiendo que le quedaba poco tiempo. Boudin pasó su etapa final insatisfecho, buscando elevar las pinturas a otro nivel. Murió en Deauville, mirando hacia el mar, el cielo y la luz del paisaje que podía divisar desde su modesto chalet.