Capitán Swing
Daniel Moreno (Madrid, 1981) es el cerebro de Capitán Swing. FOTO: CRISTINA CANDEL.

Tras hablar con varios cerebros de pequeñas y jovencísimas —unas más que otras—editoriales en España, cada cual con su estilo y modus operandi propios, al menos una conclusión parece clara: el cotarro del mercado lo controlan las grandes y ellas no tienen intención alguna en competir, es más, todo lo contrario.

Luego estaba la cuestión, a caballo entre la duda, la congoja y el asombro de por qué invertir en el poco rentable, aunque siempre necesario, negocio editorial precisamente ahora.  Aquí van tres ejemplos recientes de cómo disfrutar la calidez y el reto de una edición alternativa en mitad de la tormenta.

Honolulu Books, buscando voces propias

Honolulu Books nació en esa época en la que lo hacen las grandes revoluciones. La pasada primavera, Ana Llurba y Celina Bordino, dos bibliófilas y amigas de Córdoba (Argentina) con sede en Barcelona, se lanzaron a surcar las costas de la edición entre los embates de la crisis. La idea inicial, en realidad, era hacer un fanzine pero, dicen, se sentían "algo viejas para eso de andar grapando hojas mecanografiadas...".

Esta isla de las letras, cuentan, nació inspirada en las pequeñas editoriales que emergieron en Argentina antes y después de la crisis del 2001 —Eloísa Cartonera, Del Diego, Siesta, La Creciente...— y en fanzines como Orfidal, Mapache Press, 5000 negros, El Juguete Rabioso, en microeditoriales como Morsa, Papel de Fumar y La Bella Varsovia.

Son cuatro miembros, ya que además de Ana y Celina trabajan Mario Ortega (diseño de cubiertas y maquetación) e Itamar Ortega (corrección). Y han trabajado duro en base a un lema estratégico bien simple: "Equivocarse mucho. Equivocarse de nuevo. Equivocarse mejor". Les va bien, dicen, pero porque "Honolulu es una asociación sin fines de lucro" y todas sus piezas tienen otros trabajos al otro lado de la frontera hawaiana. Como sus tiradas son cortas, "le damos al autor el 10% de los beneficios a partir de los 500 ejemplares vendidos".

Honolulu Books nació inspirada en las pequeñas editoriales que emergieron en Argentina antes y después de la crisis del año 2001 Están a punto de celebrar su primer cumpleaños y en estos doce meses ya han lanzado tres libros de autores inéditos y creado una colección para editar a blogueros llamada Blog Exploitation.

Hasta la fecha, Honolulu tiene en marcha dos colecciones. Se estrenaron con dos obras a la vez: Mari Klinski, de Ainhoa Rebolledo y el poemario E-Mails para Roland Emmerich, de Sergi de Diego Mas. Su tercer título, 2013, de Lucía Muñoz Molina, llegó cuando le propusieron a la autora sacar un libro con los posts de su blog.

¿Su criterio para publicar? "Nos interesan las voces, la gente que tiene algo que decir, con un estilo propio", aseveran. Se distribuyen ellas solitas "estableciendo contacto directo con las librerías y las galerías" y a través de su tienda online.

¿Las chicas de sus portadas? Eso es un arranque de experimentación y austeridad. "Son generosísimas amigas y conocidas nuestras. Como no teníamos un gran presupuesto para los gastos de imprenta y sabíamos que iban a ser pequeños, pensamos en algo novedoso para que las cubiertas se vieran en "la mancha" de las mesas de las librerías".

En cuanto a su relación con la tinta tradicional, su amor es romántico pero sincero: montar una editorial hoy en día en la que sólo apuestes por papel "es descabellado si aspiras a vivir de eso". De momento, el ebook es algo que no les quita el sueño pero no descartan digitalizarse.

Si uno las busca en Twitter leerá en su perfil: "Somos la quinta editorial más pequeña de la Península Ibérica. ¡Y muy pronto seremos la primera!".

Capitán Swing, balas literarias para pensar

Cuando Daniel Moreno (1981) iba de caseta en caseta en la Feria del Libro de Madrid 2011 fumando tabaco de liar, Capitán Swing, ya cumplía dos añitos de vida. Tras estudiar Sociología y Filosofía, el padre de esta trinchera de las letras tenía en mente resucitar la editorial Complutense allá por 2009 junto a un grupo de amigos igualmente interesados por la edición. Un conjunto de presiones internas por parte de algunos trabajadores del centro universitario lo impidieron, incluso después de ganarse el visto bueno del rector, Carlos Berzosa.

Tras aquel primer intento, Dani decidió entonces montárselo por su cuenta y autoemplearse en lo que más le gusta, a través de un proyecto editorial con personalidad propia. Un máster de edición en el INEM, un microcrédito, algo de ayuda familiar, muchas horas de curro y un hermano editor —Diego Moreno es fundador y responsable de Nórdica Libros— hicieron el resto.

Convertido en editor 24 horas, ya que él lo hace todo con ayuda de traductores, correctores y maquetadores porque "si no sería imposible", supo encontrar el nicho para publicar "un tipo de obras que el mercado tenía algo olvidadas": ensayo y especialmente ensayo político. Es decir, rescatar o editar por primera vez libros para pensar y entender, con unas temáticas concretas y valientes y una edición muy cuidada.

Hay que buscar un equilibrio para que el negocio sea sano, entre la empresa y la culturaAl principio, Capitán Swing lanzaba sólo clásicos, que ahora mezcla con autores actuales a través de cuatro colecciones que han conformado un catálogo exquisito de literatura crítica con cerca de 60 títulos. En sus filas encontramos soldados de la palabra y las ideas como William Faulkner, Robert Capa, Terry Southern, Scott Fitzgerald, Steinbeck, Virginia Woolf, Neruda, Marx o Camus.

Chavs, la demonización de la clase obrera, de un joven y lúcido británico, Owen Jones, es uno de sus libros más recientes. El caso Tuláyev, del belga Victor Serge ya está en las librerías, y 2013 traerá la biografía de Marcel Proust "contada por su asistenta", matiza, cuando se cumple un siglo de la publicación de En busca del tiempo perdido (1913).

No hay una estrategia clara, asegura. A la hora de escoger los títulos, Dani, que vive de esto 'mileuristamente', habla de encontrar un equilibrio entre la empresa y la cultura, si bien admite que a veces "se encapricha" con editar ciertos libros y se lanza. "Uno es independiente de sacar lo que le da la gana pero hasta cierto punto, siempre dependes del dinero y de que la gente compre tus libros, pero sí puedes compaginar lo que te gusta con lo que sabes que va a tener salida. Los pequeños editores suelen pecar de no ser empresarios y los grandes editores pecan de no ser lectores, hay que buscar un equilibrio para que el negocio sea sano, entre la empresa y la cultura".

Logró salvar desde el primer día el escollo de encontrar una gran distribuidora, "de lo contrario no hay nada que hacer, en este país está montado así", pero la distribución se come más de la mitad de los beneficios, explica con cierta resignación. A la hora de repartir la tarta, explica, "se suele negociar con las agencias de los autores que te solicitan un anticipo —en mi caso, suelen ser de entre 1.500 euros y 2.000—, y luego un porcentaje de la venta en concepto de royaltie del 8%".

Para ganar terreno en publicidad, el Capitán "tira mucho de las redes sociales" porque, aunque no vende online, sabe que Internet es clave en la difusión de su ideario y sus nuevas apuestas. En Twitter se pueden leer sus últimas jugadas.

Su postura frente al libro electrónico es clara: "Lo descabellado es apostar sólo por digital. La tecnología nos ha llegado sin que la realidad esté preparada para asumirla". Así que, de momento, navega sin prestarle demasiada atención, aunque no descarta digitalizar su fondo eventualmente.

Lapsus Calami, la apuesta digital

Justo al otro lado de la arena de la edición y nacida hace un escaso mes se encuentra Lapsus Calami, una editorial formada por seis socios en la que solo uno trabaja a jornada completa entregado al proyecto:  Jorge Vales, que dejó su trabajo como directivo en una constructora con la ilusión de afianzar la edición digital en nuestro país. Lapsus Calami (Twitter) brota como un nuevo concepto de edición "en Red" con el objetivo de fomentar el consumo digital de libros.

Por ahora apuestan todo al ebook. En verano, si todo va bien, se lanzarán a editar en papelHan salido al mercado con siete colecciones, con al menos un título disponible para cada colección y con otro título ya en preparación. De momento en sus estanterías digitales hay diez títulos, y otros diez en proceso de ser editados. Por ahora apuestan todo al ebook. En verano, si todo va bien, se lanzarán a editar en papel.

Cada original que reciben de los autores sigue dos procesos de lectura de dos personas diferentes. "Cada una elabora un informe donde se valoran todo tipo de aspectos, se contrastan estos informes y si coinciden, para bien o para mal, el libro se acepta o se rechaza". Existe una línea editorial distinta en función de la colección, en novela o narrativa moderna por ejemplo buscan "libros amenos y divertidos, no gran literatura, sino algo que entretenga al lector con calidad literaria. Luego tenemos colecciones más serias, pero en general queremos que el lector pase un buen rato".

El resto del proceso hasta que el libro es una realidad digital es simple. "Los seleccionamos, editamos el texto, hacemos todas las correcciones pertinentes y, una vez que lo tenemos, lo maquetamos para los distintos soportes digitales y lo subimos a nuestra web  y al resto de plataformas: Amazon, Ibooks, Casa del libro y Google Books". Ahora, están en pleno esfuerzo por entrar también en la Fnac y El Corte Inglés.

Vamos hacia un escenario comercial en el que tendremos Spotify de libros electrónicos, como una tarifa plana de ebooks Lo más novedoso de este bebé editorial es la equidad en el reparto de los beneficios con el autor. "En España, el autor se lleva un 10% como máximo del precio de cubierta sin IVA, y en el caso del digital como máximo un 6%. Nosotros lo que hacemos es que del precio de cubierta sin IVA descontamos la distribución, que en el libro electrónico es del 30% más o menos, y todo lo demás que es beneficio lo repatimos al 50% entre el autor y la editorial".

Para Tomás Haya, autor de Spanish Infection, novela zombi que forma parte de la primera hornada digital de Lapsus Calami, considera este reparto una "pequeña revolución". "Me parece un proyecto esperanzador en los tiempos que corren, con ideas socialmente responsables. Ojalá fragüe porque es un intento por renovar un mercado que se mueve lentamente y con demasiados obstáculos".

Si será rentable o no este modelo es algo que "sabremos dentro de seis meses". De momento, Lapsus Calami echa a andar con ganas de hacer accesible un producto cuya industria no termina de despegar en España. "Vamos hacia un escenario comercial en el que tendremos Spotify de libros electrónicos, una cuenta para leer todo el contenido digital literario que albergue la nube por una cuota mensual pactada, algo así como una tarifa plana de ebooks. Esto hará que nadie posea los libros electrónicos en un futuro, sino que los alquile, y que quien los quiera en propiedad pueda comprarlos a no más de tres euros", vaticina Vales. Esto, "necesariamente, afectará también al papel, cuyos precios deberá bajar considerablemente si quiere competir".