Hablamos de palabras mayores. De un mito vivo, uno de los últimos. Su presencia viene acompañada de un halo de silencio reverencial por parte de quien observa. Los 76 años de Robert Redford no le han pasado en balde, pero en su sonrisa y en sus ojos aún se puede ver al hombre que enamoró al mundo entero con personajes como el seductor Gatsby, el aventurero Denys de Memorias de África, el agreste Jeremiah Johnson o el forajido Sundance Kid de Dos hombres y un destino, que dio nombre a su lucha por el cine independiente, al que ha consagrado su vida.

"El cine independiente no va en contra de Hollywood, es algo distinto, hablamos de presupuestos de presupuestos de 70 a 150 millones dólares, frente a las producciones independientes, de menos de 1 millón", matiza el actor. "No estoy en contra de las grandes producciones, yo también soy parte de esto, pero prefiero el cine que hable de historias más humanas, pero para mí lo importante sigue siendo el argumento. Qué personajes, qué emociones mantienen la trama que narra la vida de las personas".

Con el objetivo de dar una oportunidad a las nuevas voces, "a aquellas que de otro modo no la tendrían", fundó en 1981 el Instituto Sundance. "No sabía si iba a tener éxito, era algo muy arriesgado, no sabía cómo iba a responder la gente. A principios de los años ochenta no había realmente un cine independiente estadounidense", rememora. Dos años más tarde creó el festival Sundance, que es ya un referente mundial del circuito independiente. Como solo tenían 10 días de festival, decidió llevarlo a un público más amplio, así nació el canal de televisión Sundance Channel, que ahora llega a España y comienza a emitirse en Movistar Imagenio y Euskatel.

El mundo de la televisión no es ajeno a él. Comenzó su carrera interpretativa haciendo teatro en Broadway y luego trabajó tres años en televisión. Participó en La hora de Alfred Hitchcock, entre otras series. Ahora confiesa que si tuviera que volver a actuar en televisión, lo haría en Mad Men.

Cambiar la cosas

Profundo defensor del medio ambiente e involucrado también en muchas causas sociales, Redford se muestra convencido de que las películas independientes también pueden servir para cambiar las cosas.

La política es demasiado limitada y restrictiva, no va con mi espíritu independiente "Estamos viviendo tiempos difíciles para cualquiera, no solo en España sino también en Estados Unidos", asegura. "En la mayoría de las ocasiones, se debe a un problema que se ha dilatado demasiado tiempo; esto significa que hay que hacer algo nuevo, y ahí entra el cine independiente, que mueve cosas, crea opciones".

Afirma que algunas películas han servido para mostrar que el calentamiento global es una realidad, como Chansing Eyes. "Esto puede ayudar a que la administración tome medidas al respecto. Sería bueno tener como público de la administración".

A pesar de su activismo, no se plantea defender sus ideas a un nivel político. "Sería un gran error. Me volvería loco. La política es demasiado limitada y restrictiva, no va con mi espíritu de independencia. A tenor de los últimos acontecimientos en Estados Unidos, me parece que es un carnaval del absurdo", opina.

La independencia y el poder sentirse libre es uno de los tres grandes logros que considera que ha conseguido en la vida. Pero el primero es haber tenido hijos y una familia, de los cuales se siente "muy orgulloso". El segundo es poder haber tenido una carrera profesional. "Tardé mucho tiempo en encontrar mi centro, lo que realmente quería hacer, hice muchas cosas, me metí en algunos líos y finalmente encontré mi lugar en la interpretación, lo que considero una suerte". Sin duda, la suerte es nuestra.

España, su refugio

"Siento mucho cariño por España, tengo antecedentes históricos aquí" bromeaba este lunes Robert Redford ante los medios en Madrid. "Cuando tenía 19 años vine por primera vez. Estaba estudiando una carrera, quería ser artista, y vine a España. Fue una experiencia maravillosa. Viajé por el país, estuve en Barcelona y luego pasé dos meses en Mallorca, donde pinté algunos cuadros". Mucho tiempo después, a finales de los 60, volvió con su familia a Mallorca, a un pequeño pueblo pesquero Puerto de Alcudia. "Estuvo muy bien, porque quería educar a mis hijos en contacto con otras culturas", relata. en un momento de crisis profesional, decidió que no quería seguir su carrera como actor y se tomó un año sabático. Y de nuevo españa fue su refugio. "Me vine a Málaga, a Fuengirola. Estuve viviendo ocho meses en Mijas, me encantó. Tengo un gran sentimiento por este país".