La tropa del Boss

25 años después de su primera actuación española, Bruce Springsteen, que mañana cierra gira en Barcelona, sigue siendo un referente público.
La tropa.
La tropa.
El bardo de mármol, Bruce Springsteen (55 años), anda a vueltas por España, el país de Europa donde más factura. Esta vez viene con tropa campera (18 músicos) y repertorio acústico-folclórico para funerales, bautizos y lamentos colectivos.

El viernes empezó en Madrid una gira que siguió el sábado en Valencia y ayer en Granada. Mañana toca en Barcelona (Palau Sant Jordi) y el miércoles en Santander (Palacio de los Deportes). Todo el papel está vendido, pero si los bolsillos responden y el ansia es mucha, no es imposible pillar entradas en los siempre surtidos callejones de Internet.

El Boss (en inglés, ‘jefe’), que pasea por Europa su último disco, We Shall Overcome: The Seeger Sessions –reeditado estos días con añadido de vídeo–, no tiene nada que ver con el gato salvaje que actuó por primera vez en España, hace más de 25 años, el 21 de abril de 1981. Él tenía 31 y España era un novela por escribir.

Entonces sólo lo vimos 6.000 personas. Era martes y llovía en Barcelona. Pagamos 900 pesetas y salimos del Palacio Municipal de Deportes de Montjuïc convencidos de que podíamos morir en paz, de que la fiebre estaba en buenas manos.

Alguien, no siempre con buena caligrafía, ha escrito la novela por nosotros y nosotros, idiotas, lo hemos consentido. Tampoco aquel gato salvaje araña tan hondo: ha ganado un Oscar, se pringó demasiado en la campaña electoral del demócrata John Kerry, tapizó de raso su garganta de asfalto para que no desentone en los cócteles...

Pero, como esta gira demuestra, la carnada que Springsteen  engancha al sedal (alegría de niño chico, esperanza en los días que vendrán) sigue siendo apetitosa. Los conciertos españoles congregan a un público confeso y no sujeto al imbécil reduccionismo generacional (o eres joven o no eres) que prima en otros saraos. Padres e hijos, sin brecha en medio, son fieles al santoral de San Bruce.

José Antonio, uno de los chicos que aparece en las fotos de arriba, tiene un flamante número uno rotulado en las manos. Llegó con 28 horas de antelación a la madrileña plaza de Las Ventas para el concierto del viernes y, gracias a una espontánea y perfecta solidaridad, pudo situarse en primera fila.

«Por Bruce, lo que sea», dice con mirada brillante. Considera al músico un «referente moral» que le ha enseñado que «siempre hay una salida digna para los que no tenemos nada».

Sin pretensión sociológica, este diario pidió a algunos asistentes la estrofa con más significado personal del amplísimo cancionero del músico de Nueva Jersey. Tres de cada cuatro, tomen nota los padres de todas las patrias, citaron la misma: Tramps like us, baby / We were born to run (Vagabundos como nosotros, nena / Nacimos para correr).

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