El guardia civil acusado de matar a su mujer de 14 disparos dice que no oyó los tiros y se quedó sorprendido

Afirma que estaba "ofuscado" y que era como si estuviera ciego, porque ni veía a la víctima mientras le disparaba

Un hombre, guardia civil, acusado de matar a su mujer de 14 disparos en septiembre de 2009 en la localidad valenciana de Utiel, ha afirmado que no oyó los tiros y que se quedó "sorprendido" y "asustado" por lo que pasó. También ha asegurado que en ese momento estaba "ofuscado" y que era como si estuviera ciego, porque ni tan siquiera veía a la víctima mientras le estaba disparando.

El hombre, que responde a las iniciales J.A.C.C, ha declarado este martes ante un jurado popular en la Audiencia de Valencia. Iba esposado —puesto que se encuentra en prisión desde que cometió los hechos— y con el pelo largo y barba. Sobre su aspecto, el letrado de la acusación particular le ha preguntado si cuando ejercía de agente, también iba así. El procesado no ha querido contestar ni a esta cuestión ni a ninguna otra formulada por las acusaciones. Tan solo ha respondido a su abogado.

El hombre, quien ha declinado ver unas imágenes con el cadáver de su mujer, se enfrenta a una pena máxima de 24 años de cárcel por un delito de asesinato con la circunstancia agravante de parentesco —tal y como solicita la acusación particular— y a pagar una indemnización de 300.000 euros. Una pena más baja le pide el ministerio fiscal, quien le requiere 19 años de prisión; mientras que la defensa solicita tan solo una condena de tres años y un día de prisión por un delito de lesiones, o de cinco años y un día —como alternativa— por un delito de homicidio.

El procesado y la víctima mantuvieron una relación de noviazgo durante seis años, y estuvieron casados otros ocho. Residían en una vivienda, propiedad de los padres de ella, en la localidad de Utiel. El acusado ha definido su matrimonio como "normal, como cualquier pareja", y ha explicado que tenían discusiones "normales" pero sin violencia física. "Jamás en mi vida la he tocado", ha aseverado.

"achantar las orejas"

El hombre ha señalado que en estas discusiones, la víctima solía alzar la voz, y él tenía que "achantar las orejas". Ha afirmado que la mayoría de ellas estaban relacionadas con su familia política, porque "vivía a expensas de sus padres" y éstos no les "dejaban" hacer su vida ni "disfrutar de las vacaciones".

Pese a estas discusiones, sobre las que ha insistido que eran "normales", ha resaltado que "nunca jamás" encerró en casa a su mujer, ni le prohibió que hiciera nada, ni le insultó, ni le tocó. Además, ha dicho que tampoco le enviaba mensajes por teléfono en los que le insultara, si no que más bien eran para saber cómo estaba y, en ellos, "le mandaba un beso".

Ha narrado que el año en que tuvo lugar el incidente, se cogió varias bajas y el psiquiatra le puso un tratamiento que nunca se tomó porque pensaba que le podía sentar mal. El día de los hechos, el 7 de septiembre de 2009, ha explicado que su mujer madrugó porque tenía que trabajar, y él se quedó en casa porque estaba de permiso. Tras comer ambos juntos, la mujer se fue a vendimiar con sus padres y luego regresó a casa.

Cuando volvió, el procesado estaba todavía durmiendo la siesta y se encontraba "desnudo", y la mujer decidió cambiarse de ropa para ir a visitar a su tía. En ese momento, el hombre ha narrado que abrió la puerta para avisar a su mujer de que no viniera tarde porque tenían cena con los amigos, y ésta le respondió —según su versión— que iba a tardar el tiempo "que le diera la gana".

Desnudo en el rellano

Seguidamente, ha explicado que subió a casa y se cerró con llave, con lo que le dejó a él desnudo en el rellano. Ante esta situación, el hombre ha dicho que le pidió que le abriera, y al no hacerlo, y ante el "miedo" a que le viera alguien así, empezó a dar patadas a la puerta hasta que la tiró abajo. "Como estaba ofuscado, aporreé la puerta a patadas". "Solo quería estar en mi casa", ha aseverado.

Cuando consiguió entrar, ha señalado que vio a su mujer sentada en un sillón, "riéndose de mí en plan chulesco", ha descrito. En este momento ha aseverado que perdió la noción del tiempo hasta que se encontró con que la recámara de su pistola reglamentaria estaba abierta y vacía. Pese a estos lapsus, en su declaración ante la Guardia Civil narró paso a paso cómo actuó ese día.

Así, el hombre, quien ha explicado que guardaba su arma —siempre cargada— en el armario de la habitación de matrimonio, ha insistido en que no oyó ninguna detonación "de ningún tipo" —pese a que efectuó los 14 disparos que pudo, hasta que se le acabaron las balas—, y que tampoco vio a la víctima, porque era como si estuviera ciego.

Ha indicado que la última imagen que tiene de su mujer desde que volvió en sí fue "verla en el sofá ensangrentada", y ha asegurado que no se acercó para comprobar si estaba muerta porque estaba "bloqueado, asustado". "Me quedé sorprendido por lo que había hecho, asustado", ha repetido.

En ese momento, ha dicho que recuerda que efectuó varias llamadas, entre ellas, al teléfono de emergencias '112 Comunitat Valenciana' y a un cabo, y ha afirmado que cuando llegó la Guardia Civil les dijo algo así como que su mujer le había tirado a la calle "como a un perro", porque "estaba en un estado de nervios y tensión que no podía conmigo", ha mantenido. Preguntado, por último, por qué ese día no se fue de casa cuando le cerró la puerta su pareja, ha comentado: "no lo sé. Desde ese día hasta ahora me lo pregunto".

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