'Leah and her Father'
'Leah y su padre', una de las imágenes de la serie 'At Twelve' © Sally Mann. Cortesía Gagosian Gallery

Son niñas, siguen sentándose en el regazo de los mayores, ensuciándose y cayéndose cuando juegan al aire libre, pero comienzan a ser conscientes del proceso de cambio que experimentan hacia la edad adulta.

La estadounidense Sally Mann (Lexington - Virginia, 1951) es la fotógrafa doméstica de la existencia humana, la que nos recuerda en cada instantánea la candidez del cuerpo, la constante evolución física y mental a la que estamos sometidos. Su fuente de inspiración es local, la familia y las personas que la rodean posan para ella desde hace décadas: no concibe el arte fuera de su entorno inmediato y no tiene intención de abandonar el lugar que la vio nacer.

La galería de la editorial La Fábrica, en Madrid (Calle Verónica, 13), expone At Twelve (A los doce), 35 retratos en blanco y negro realizados entre 1983 y 1985 y publicados en 1988, que muestra a adolescentes de Lexington —el perpetuo lugar de residencia de la fotógrafa— con actitudes entre vulnerables y desafiantes en el tenso proceso de transición que sufren.

"Comedida y sin malicia"

"Qué vigilancia cómplice la que hay en los ojos de una niña de doce años... Comedida y sin malicia. Es el vivo retrato de la contradicción: por un lado insegura y ambivalente, por otro lado directa e impaciente; medio coqueta y a la vez haciéndo un mohín", dice la artista en la introducción del libro que reúne la serie.

Es la primera vez que la obra de Sally Mann se expone en una galería españolaLa muestra, en cartel hasta el 17 de noviembre, es la primera oportunidad de ver el trabajo de la multipremiada Sally Mann en una galería española. En At Twelve se mezclan el tono poético y sociológico de la autora, dueña de un estilo que explora el sur de los EE UU en profundidad.

Mann se siente en deuda con ese escenario campestre y liberador que, según afirma, contagian a las fotos con ese mismo espíritu. Las niñas, en momentos de disfrute, juego y descanso, miran con serenidad a la artista, como si la cámara no existiera y ella fuera también parte del paisaje de Lexington.