> El escándalo del congresista pederasta domina la campaña al Congreso de EEUU

El escándalo del congresista pederasta domina la campaña al Congreso de EEUU

Las claves:
  • El escándalo por el presunto pederasta y la guerra en Irak centran la campaña por el control del Congreso.
  • Faltan cinco semanas para las elecciones, y el panorama no parece fácil para los republicanos.
  • Eso explica la visible participación del presidente George W. Bush en la campaña.

El escándalo por el presunto acoso sexual de un destacado legislador republicano a ujieres adolescentes del Congreso de EEUU y la guerra en Irak centran la campaña por el control de esa cámara que han comenzado de lleno demócratas y republicanos ante los comicios del 7 de noviembre.

A sólo cinco semanas de las elecciones, en las que se renovarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes (Diputados) y 33 en el Senado, ambos partidos se han enzarzado en una feroz lucha por su supervivencia política.

La semana pasada, los republicanos aprobaron decenas de medidas para sumar puntos entre los votantes.

Sin embargo, ese ímpetu se vio entorpecido por el escándalo que protagonizó el legislador republicano Mark Foley, del estado de Florida.

Foley, soltero y de 52 años, renunció a su escaño la semana pasada y está en el punto de mira de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) por su presunto acoso sexual -vía mensajes electrónicos- a adolescentes que trabajaban para los congresistas como ujieres.

Estos adolescentes, todos estudiantes de secundaria, frecuentan los corredores de ambas cámaras del Congreso desde la década de 1820, y este escándalo ha puesto sobre el tapete cómo protegerlos.

Foley ha ingresado en un centro de rehabilitación para alcohólicos pero ha dejado tras de sí un problema de imagen para los republicanos, que tradicionalmente se proyectan como defensores de los "valores familiares".

La peor pesadilla para ellos es que Foley fue copresidente de un comité encargado de la protección de los niños e impulsó leyes para penalizar delitos contra jóvenes.

Las autoridades investigan si Foley violó alguna ley federal, y los demócratas ya empiezan a acusar a los republicanos de hipocresía y encubrimiento.

A los votantes les preocupa el rumbo de la guerra en Irak y que el crecimiento económico no ha beneficiado a muchos en EEUU

Al parecer, algunos republicanos sabían desde hace al menos seis meses de sus andanzas.

Ahora, la jerarquía republicana intenta minimizar el daño ocasionado en sus filas, mientras la oposición intenta aprovecharlo para recuperar al menos una de las dos cámaras del Legislativo.

Y bien podrían lograrlo, según las recientes encuestas y analistas consultados.

"Cada escaño cuenta en estas elecciones. El número mágico para los demócratas es 15 en la Cámara Baja y todo dependerá de si ellos pueden convencer a la opinión pública de un encubrimiento republicano", dijo Alan Abramowitz, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Emory.

Además del escándalo de Foley, "a los votantes les preocupa el rumbo de la guerra en Irak y el hecho de que el crecimiento económico no ha beneficiado a muchos en EEUU", agregó.

Así, la continua espiral de violencia en Irak y el descontento popular por ese conflicto bélico se ciernen como un nubarrón en la estrategia electoral republicana.

Los republicanos, que arrasaron en 1994 -salvo un brevísimo paréntesis en 2000- siempre han tildado a los demócratas de ser débiles en temas de seguridad pero el caso Foley da a la oposición un arma electoral muy potente.

Los republicanos tienen 55 escaños en el Senado, de los cuales 33 entran en juego en noviembre. Los demócratas sólo necesitan seis para retomar el control de la Cámara Alta.

En la Cámara de Representantes, la oposición necesita 15 escaños, y el que ocupaba Foley -en un distrito altamente republicano- se decanta por los demócratas.

El panorama no es nada halagüeño para los republicanos, lo que explica en parte la visible participación del presidente George W. Bush en las últimas semanas.

Bush participará mañana, martes, y el miércoles en varios actos electorales a favor de candidatos republicanos en California, Arizona y Colorado

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