Considerado por muchos árabes como un héroe y odiado por los israelíes que le califican de terrorista, Nasrala se ha convertido en el hombre más buscado del Estado judío desde que Hezbolá disparara miles de proyectiles al norte de Israel después de que la guerrilla secuestrara a dos soldados israelíes en un operación transfronteriza en julio.

'La vida de Nasrala es una pena' dijo el ministro de Infraestructuras Binyamin Ben-Eliezer en unas declaraciones a la radio del Ejército de Israel. 'Es malo para los judíos, es malo para los árabes y es malo para los cristianos. Deberíamos esperar a la oportunidad adecuada y no dejarlo vivo'.

Una serie de responsables israelíes han pedido con una insistencia creciente el asesinato del clérigo chií libanés desde la operación del 12 de julio que dio inicio a una guerra de un mes en la que murieron 1.200 personas en Líbano, la mayoría civiles, y 157 israelíes, la mayoría soldados.

La última vez que Nasrala apareció en público fue la semana pasada al pronunciar un discurso en un mitin muy concurrido de Hezbolá por 'la victoria divina' en Beirut, pese a las especulaciones de que Israel podría tratar de asesinarlo.

Pero Ben Eliezer dijo que se habría opuesto a tal decisión.

'Sí, deberíamos eliminarle. Pero tenemos que asegurarnos de que miles de personas no son vulnerables (a resultar heridas', dijo.

El predecesor de Nasrala, Sayed Abas Musawi, fue asesinado en 1992 en un ataque aéreo israelí, donde también murieron la mujer y un hijo del líder de Hezbolá.

El hecho de que Israel no ha recuperado a los dos soldados capturados ha llevado a muchos israelíes a predecir otra ola de combates con Hezbolá, que está comprometido con la destrucción del Estado judío.