'Untitled, 1984'
Los experimentos con la imagen llevaron a Goldstein a pintar también cuadros hiperrealistas Jack Goldstein - Collection of the Orange County Museum of Art

"El hombre que comete suicidio controla el momento de su muerte ejecutando una voltereta hacia atrás". El artista canadiense Jack Goldstein (1945-2003) fue el eslabón perdido entre el arte conceptual y la performance de los sesenta y el posmodernismo de los ochenta. Tenía 57 años cuando decidió seguir esa visión no lineal de la existencia y acabar con su vida. Para entonces, sus pinturas, instalaciones, películas y experimentos con el sonido habían calado en la obra de los artistas jóvenes de dos décadas.

El estadounidense Orange County Museum of Art (OCMA), en el condado de Orange (California) clausura el 9 de septiembre Jack Goldstein x 10,000, una retrospectiva que acerca al espectador a la sensibilidad del autor.

Las más de 50 obras de la muestra incluyen documentos nunca antes expuestos —escritos por Goldstein— que proporcionan información adicional, sitúan en un contexto y reevaluan su cuerpo de trabajo. Desde su muerte en 2003 su estátus es el de una figura de culto y la exposición contribuye a reavivar la importancia en el panorama del arte moderno.

Vinilos de incendios forestales, tornados...

En los setenta, cuando todavía era estudiante de Arte, conoció a un grupo de artistas fascinados con los mecanismos de representación de la cultura de masas. Goldstein empezó a alejarse de los medios artísticos tradicionales y elaboró, una vez establecido en Nueva York, obras como sus famosos discos de vinilo de colores que contenían sonidos de peleas de gatos, transatlánticos, incendios forestales o tornados.

Pintó relámpagos, fuegos artificiales, aviones sobre un cielo nocturno...La muestra ofrece al visitante 24 de estos álbumes listos para escuchar y también 21 películas creadas entre 1971 y 1983 con las que el artista busca dar una perspectiva literal del tiempo, con una imagen que permanece inmóvil o un fragmento que se repite sin fin.

La experimentación no le hizo abandonar otras manifestaciones innovadoras pero de fondo canónico. Comenzó a pintar sobre lienzo (con acrílicos y aerógrafo) en 1979, contradiciendo las críticas posmodernistas hacia la pintura tradicional. La parte más amplia de la exposición está dedicada a sus escenas hiperrealistas de relámpagos, fuegos artificiales y aviones de combate sobre cielos nocturnos que siguen la estela de sus experimentos con la imagen.