Bailando a apagar los fuegos
El 26 de julio entregaron seis nuevos coches, pero dos sin terminar (Archivo).
La llamada era de Montequinto, un incendio en un bloque de viviendas. Normalmente, Carlos del Toro trabaja en el Parque Central, pero ese día estaba en el P-3, el parque de bomberos de las Tres Mil.

Cinco compañeros y él, el mínimo para un equipo, cogieron la carretera hacia Montequinto en uno de los vehículos nuevos que el Ayuntamiento les dio el 27 de julio tras sus protestas.

«Yo ya había oído que dos de los coches daban problemas», cuenta del Toro a 20 minutos. « Eran las 20.00 horas y había mucho tráfico. Las ruedas traseras del coche derraparon. El vehículo empezó a bailar, a culear; tuvimos suerte de que no pasara nada». Así estuvieron 200 metros, dando bandazos de izquierda a derecha. «Menos mal que el conductor lo controló».

Aún no saben qué pasó. «Pudo ser por los neumáticos o por un mal reparto de carga», explica Paco Castellano, su compañero. Y no es el único problema. Paco enumera una lista de fallos en los vehículos nuevos, desde malos acabados en la pintura hasta falta de materiales. Cuando llueve  se cala el agua. «Es por culpa de la celeridad con la que se hizo todo».

Con prisas

El 27 de julio el Ayuntamiento presentó seis coches, reabrió el parque de Pinomontano y anunció 38 plazas de bombero más. «Llegaron con los coches nuevos, se hicieron la foto y se volvieron a llevar dos a la fábrica porque no estaban terminados», cuenta del Toro. Y en Pinomontano, dice su compañero Paco, «lo que le han hecho es un lavado de cara;  y entre exámenes y prácticas, falta mas de un año para que lleguen los nuevos».

«Me deben 6.000 euros»

Paco Castellano es rotundo: «Es la peor situación que he conocido en 20 años de bombero». Para cubrir el mínimo de seis bomberos dependen de las horas extra, y como no hay inmediatez en el pago, la gente no quiere hacerlas: «El Ayuntamiento me debe 6.000 euros, no paga las extra desde marzo».  A eso se suma la precariedad, «usamos coches que ya estaban cuando yo llegué», se queja.