Este uso, en el que se ha trabajado más de tres años, se logrará gracias a un software que ayuda a seleccionar la tecnología idónea para tratar las aguas en función de su coste, según Efe.

Esta tecnología, financiada por la Unión Europea, se utilizará en el Líbano, Turquía, Jordania, Chipre, Palestina y Marruecos.

El problema de esta reutilización son los recelos que todavía despierta, sobre todo después de recientes problemas surgidos en Europa como el de las dioxinas, un tema que podría solucionarse con el tratamiento adecuado.