Pintadas de alto riesgo
5 Aspecto del vagón pintado a su llegada a la estación de Fuencarral.
Era un plan perfecto. Nada podía fallar, salvo que una osada viajera, y lectora anónima de 20 minutos, fotografiase cada uno de sus movimientos. El martes 12 de septiembre fue el día elegido para desenfundar sus sprays. Dos jóvenes se suben en un vagón de la Línea 10 de Metro sin llamar la atención. Son cerca de las 16.30 horas. El convoy discurre entre las estaciones de Batán y Lago cuando, de repente, uno de ellos tira de la palanca de alarma, para el tren, abre las puertas y salta a las vías. Los viajeros, asustados, ni se mueven. Los dos graffiteros no están solos. Un grupo de compinches, que los esperaban en ese punto exacto, se unen a ellos tras saltar la valla que protege este tramo del metro en superficie. Mientras trabajan con rapidez, una chica que los acompaña fotografía cada una de las pintadas. Y por fin huyen por las vías, con el riesgo de que aparezca otro convoy a toda velocidad, y dejando atrás un vagón lleno de pasajeros cabreados.

Un millón de euros menos

Sucesos como éste, confirmado ayer por Metro, les cuestan a los madrileños un millón de euros anuales, que es lo que gasta la empresa en borrar las pintadas.