Apaleado por besar a su novio en una piscina pública

Las claves:
  • Dos varones se dieron un beso, lo que escandalizó a algunos presentes.
  • Apalearon a uno de ellos.
  • Los agresores, de etnia gitana, huyeron con total impunidad. 
Un hombre es apaleado por besar a su novio. (Eneko)
Un hombre es apaleado por besar a su novio. (Eneko)
Eneko
"¡Maricones, maricones!".   

Entonando este homófobo grito de guerra, un grupo de menores y de adultos de etnia gitana se liaron a pedradas y a patadas con dos hombres en una piscina pública del madrileño barrio de La Elipa.

El motivo: la cariñosa actitud que se profesaban ambos varones.

Según los testigos presenciales, Luis y Thomas se encontraban en el recinto público cuando de repente, de manera espontánea, se dieron un beso.

Cuál no sería su sorpresa cuando algunas personas, escandalizadas, empezaron a increparles: "¡Menudo ejemplo para los niños!", les gritaban.

En una carta remitida al periódico 20 minutos, Michel Jiménez explica que algunos testigos del beso "incitaron a cinco chicos de etnia gitana a ir a por ellos".

Huido y capturado

Poco a poco, algunos de los presentes empezaron a retroalimentar sus iras hasta que, de repente, un grupo de unos diez gitanos comenzaron a apedrearles e insultarles.

Despavoridos, las víctimas -de unos 30 años de edad-  corrieron hacia la zona nudista... sin embargo, sólo uno de ellos logró alcanzarla.

Luis fue capturado por sus perseguidores quienes al grito de "¡hijo de puta, no mereces vivir!", le estampaban sus pies contra la cara.

Además, según precisa Jiménez, recibió una "patada de Karate" que hizo que "su cabeza rebotara contra el suelo y quedase inconsciente".

Sólo la actuación de un guardia de seguridad logró calmar un poco los ánimos.

El balance final resultó desolador:

  • La víctima permaneció diez minutos inconsciente en el suelo.
  • Según algunos testigos, tuvo que pasar ayer por el quirófano como consecuencia de las heridas.
  • Los agresores, como si nada, se marcharon del recinto sin que, hasta el momento, haya habido detención alguna.

No conformes con el vergonzoso número que habían protagonizado por la tarde, los agresores acudieron esa misma noche al polideportivo para amenazar a sus vigilantes.

No obstante, y según algunos habituales de las instalaciones -mencionadas por El País-, la inseguridad es algo habitual en el polideportivo: "Hay gente que te tira piedras desde la calle", dice uno, "éste es el lugar perfecto para los mirones", dice otro.

En este sentido, Jiménez en su carta asegura que tienen conocimiento "de que los agresores vienen habitualmente a la piscina a cometer actos delictivos sin que nadie les prohíba la entrada" por lo que se sienten "impotentes y desprotegidos" y piden que se pongan "los medios necesarios para que todos los clientes de la piscina puedan venir a pasar un día agradable sin morir en el intento".

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